Cuando no se sabe que una campaña electoral genera empleo

La clase política en España -la ‘casta’, como decían los jóvenes dirigentes de Podemos pero en la cual ya se incluyen- parece no haber asumido que están siendo observados por los ciudadanos con tan crudo examen como el que hacía este martes en el transcurso de una conferencia en Bruselas Peter Praet, economista jefe del Banco Central Europeo, sobre la salud auténtica de nuestro sistema financiero continental en estos momentos. Avisaba, sin mucha cautela, que en Europa el mismo vive un ‘grave schok’ de rentabilidad como consecuencia de mayores costes, sobrecapacidad competitiva y exceso aún de activos tóxicos en algunos países.

Viniendo de quien viene este análisis no es de extrañar que todas las entidades financieras anden ahora revisando sus planes de negocio y ajustando gastos e ingresos para mantener cuanto menos los mismos ratios de solvencia y rentabilidad, pues de lo contrario vienen luego las agencias de calificación y te ponen en jaque en cuestión de segundos. Aunque hay quien esto parece no importar mucho, como es el caso de Catalunya, que estando considerada la deuda emitida como ‘Bonos Basura’, sigue inalterable el honorable, su gobierno y parte del Parlament montando su sistema de Estado paralelo al de España. De esta forma, Otegui, en su visi,  será recibido, puesto que llega de otro ‘país’, por la Comisión de Exteriores de la Cámara de representación de, en teoría, todos los catalanes. Una teatralidad que borda lo esperpentico sino fuera porque está ocurriendo y hacía ese Estado dominado por los anti sistemas y quienes quieren segregarlo, como en la edad media, parece que estamos abocado a llegar, como quien se acerca hasta el límite del precipicio de nuestras peores páginas de la historia ya vivida.

Es tal el grado de confusión mental actual que atónitos deben estar todavía los trabajadores que diseñan, colocan y empapelan o pintan vallas, montan actos públicos o desde sus soportes mediáticos se confeccionan anuncios, cuñas y spot de publicidad para las campañas electorales. Reunidos se han llevado unos días representantes de las candidaturas para ver la forma de aminorar lo que ellos consideran un ‘gasto’ a toda la economía que genera a su alrededor una campaña electoral. Sin pensar en la creación de puestos de trabajo que conlleva cuando se mueven 130 millones de euros. E ingresos, por el IRPF y el IVA, para Hacienda y mayores cotizaciones para la TGSS. ¿Cuántos trabajadores relacionados con este sector de la Comunicación van a seguir en paro por la reducción que ya están haciendo en los presupuestos de campaña o cuántos no habrían podido volver a recuperar autoestima si se hubieran hecho los recortes que algunos políticos proponían? Una campaña es un gasto, pero un gasto productivo. No son euros que se derrochan y terminan perdiéndose por las alcantarillas. ¿Saben esto todos los que ya conforman la ‘casta? Nos tememos que no.

Muchos puestos de trabajo se crean en las campañas electorales.
Muchos puestos de trabajo se crean en las campañas electorales.

Tendría que venir alguien como el economista jefe del Banco Central Europeo para, desde las alturas, poner en jaque planteamientos absurdos que tenemos todavía que escuchar y leer a diario en España. Con actitudes que cuesta trabajo entender como la adoptada por la ministra en funciones de Trabajo y nueva cabeza de lista en el PP por Huelva al Congreso de los Diputados, Fátima Bañez, de no acudir a la Comisión de Investigación del Parlamento andaluz sobre los cursos de formación. ¿Había algo negativo en cumplir con la citación de una Cámara de representantes? ¿No es más dífícil explicar por qué  se ha decidido no ir? Son los viejos ‘tics’ de algunos dirigentes del PP que parecen empeñados en no ‘modernizar’ esos hábitos de altanería que tanto se detestan por muchos de sus propios votantes. Si Rajoy se ha echado a la calle, a tomar cerveza, a charlar con la gente y hacer una vida normal bajado desde el pedestal del poder, aquí ese ‘catecismo’ se lo debe aprender y empezar a aplicar todo el mundo. Con dos paseítos, para la foto de rigor, con los mismos de siempre y a los mismos sitios de siempre, aquí en Huelva no se va a ninguna parte. Si a los bancos le hacen la radiografía tan severa que hemos descritos antes, y eso que  mantienen a duras penas sus cotizaciones, no saben todavía bien los políticos lo severo que serán los ciudadanos el día 26 de junio. Ándense, pues, con cuidado porque el ‘teatrillo’ y ‘castillitos en el aire’ya no sirve y menos en una provincia como Huelva, que lleva treinta años esperando unas inversiones públicas vitales y que en otros lugares de España y Andalucía se han tirado a ‘manos llenas’ y ‘bolsillos con agujeros’.

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