Vivire est cogitare: Las tumbas

francisco lópez villarejo

Francisco López Villarejo.

En un artículo reciente recordaba yo una sentencia de Confucio, perdonen la autocita, que decía que quien se empecina en la venganza debe antes preparar dos tumbas. El exsecretario general del PSOE, un evidente ejemplo de perturbación obsesiva y, por tanto irracional, por destruir a su adversario, ha conseguido destruirse a sí mismo: se ha convertido en cadáver no solo sin haber cavado ni su propia fosa sino sin asumir su estado ni siquiera cuando ya la putrefacción emitía un hedor insoportable para todos. Por eso él y su Frankenstein  de cabecera,  Luena, asistieron a su propia autopsia el pasado sábado sin haberse preparado de verdad para ello. Ahora, el muerto viviente Pedro Sánchez, anda por ahí haciendo planes y declarando proyectos como si aún siguiera entre nosotros. Pero ya no está. Alguien, piadosamente, dentro de poco tiempo -ahora no procede: la recuperación del fair play político lo impide-  le tapará las cuencas con dos monedas de plata y tomándolo de la descarnada mano lo llevará a la tumba que, imprevisiblemente, no cavó pero que sus compañeros sí harán. La otra tumba, la del  Presidente de Gobierno en funciones, va a esperar un rato pues el presunto cadáver, por el momento, goza de buena salud. Y mejor que la va a tener a poco que se descuiden los verdugos de su virulento matador frustrado.

Toda esta orgía de estocadas y cadáveres, de traiciones y empecinamientos, me recordaba a cualquiera de las tragedias de Shakespeare. Por la sangre y la estupidez de algunos de sus personajes, no por la grandeza. Aunque a veces, seré sincero, me traía a la memoria más a las comadres de Windsor que a los inteligentes y sinuosos cainitas  de Ricardo III o de Tito Andrónico. Y es que todo esto ha sido una corrala, un sainete impropio de un partido con casi ciento cincuenta años de historia y que tan importantes servicios se ha prestado a sí mismo y España y a los españoles.

Pero ¿como han llegado a esto? ¿De que estúpida manera han transformado la política -guerra sin sangre- en guerra abierta, o sea en política con sangre? ¿Tan torpe Sánchez y tan necios sus asesores y personas de confianza que no han sabido ver la cercanía del abismo? Sostenerla y no enmendarla, parece ha sido la máxima de su estandarte. Y a fe que la ha seguido con ardor fiero y avant la lettre.

No cavó su tumba; ni se imaginaba que tras su sobrada estrategia de Maquiavelo de andar por casa iba a necesitarla. Sí trabajó intensa -y torpemente-en la de su adversario al que creía su enemigo, sin prever que estaba organizando el entierro de su partido y que, a poco que se distraígan los que consiguieron despegarlo del alto despacho de Ferraz, todos van a ir dentro: plañideros de la derrota y laureados de esa victoria pírrica tras la que hay que organizar, y profundamente, no solo la casa sino el solar. El ya ex, no se aprendió bien que los del otro partido son adversarios y que los enemigos se sentaban a su lado, o al menos, lo abrazaban de vez en cuando. No entendió ni los interesados abrazos que palpaban su costado para mejor clavar la daga ni los mensajes que le llegaban del Sur.  Ahora, precisamente, desde el Sur le llega el más descarnado de los chistes no tan fáciles: El Despeñaperros que obvió y no supo embridar debidamente ha sido, y lo tomo de Rubén Amón, su Despeñapedros.

La ambición es como un caballo: hay que controlar apretando los ijares  y tirar del bocado para que no se desmande. Hirviendo por dentro pero como un témpano por fuera. Es la esencia de la política, de los estadistas y de los grandes. Al objetivo que ardientemente se desea hay que mirarlo despectivamente, casi de soslayo: dejar que otros te lleven, incluyo ayudar a tu competidor con ilusión y brío pues así será más fácil despeñarlo. ¡Que poco aprendemos, Sánchez! Y eso que desde Pericles y  Rabelais hasta Danton y Robespierre, pasando por Montesquieu, Maquiavelo, Gibbon y un largo etcétera, múltiples pensadores y políticos nos han dejado sus enseñanzas, la lección de su ejemplo. Pero nada, como decía Fouillé, el hombre es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra…

Y ahora a remar y a coser, el verbo de moda entre los supervivientes ejecutivos de este partido. Aunque  más bien, creo yo, a drenar y cauterizar pues me temo que el desgarro que este aciago secretario ha causado es mucho más profundo de lo que parece y llega hasta la yugular de la organización. Ojalá ésta se cure. Y pronto. Y tenga la cautela de aprender de los errores. Que no es fácil.

Francisco López Villarejo
Doctor en Historia. Consultor cinematográfico

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