¿Para qué querían llevar los seguidores de Pedro Sánchez al PSOE a unas terceras elecciones?

Javier Fernández junto a Rubalcaba.

Siempre hemos mantenido que el PSOE tendría en sus manos la formación de un Gobierno. Había tres opciones: Con 85 diputados formar un conglomerado de siglas para que Pedro Sánchez volviera a contar con una nueva sesión de investidura (terreno que nunca, por cierto, terminó de explorar); dejar Gobernar al PP en minoría parlamentaria, con lo cual el centro de decisión pasa al Congreso de los Diputados y al Senado; o ir a unas terceras elecciones. Es que no había otras posibilidades. Ahora bien, todavía nos estamos preguntando por qué los seguidores de Pedro Sánchez, todos perdedores en sus respectivas autonomías, querían llevar al PSOE a unas terceras elecciones. Desde la decisión mayoritaria del Comité Federal, de evitar a toda costa un nueva consulta electoral, están atacando en las redes sociales a sus compañeros pero no explican qué otro camino quedaba, cuál era su alternativa. A estas alturas, cuando quien le resta votos es Podemos y, principalmente, sus confluencias, el viejo concepto de que el PP es la derecha y el PP la izquierda es no querer reconocer que eso es un viejo y simplón análisis porque el mapa político ha cambiado radicalmente.

El problema para los socialistas no es el Rajoy, ni el PP. El problema para el PSOE son aquellos que desde dentro no saben desde hace un año dónde quieren llevar al partido, que con Pedro Sánchez y todos sus compañeros de tesis argumental siguen perdiendo elecciones tras elecciones y el número de votantes. Parece que anda contagiados de los modos de Podemos: “Que decida la militancia”. Y si es preciso, como dice Pablo Iglesias, la calle. Ese no es el modelo de partido tradicional del socialismo español, que Felipe González llevó al centro izquierda cuando en el año 1979 presentó su dimisión y forzó un Congreso extraordinario. Cuando se situó donde estaba su electorado, que no la militancia, el PSOE conquistó los 212 diputados, muy lejos de los esqueléticos 85 de Pedro Sánchez.

El partido necesita reposo y tranquilidad para reflexionar, sin la presión de una votación en la que se decidía antes que nada el sí o no a unas terceras elecciones, el modelo que ahora necesita para encontrar su espacio en una izquierda que aún -porque Podemos se mueve y cada día se va más hacía a extrema izquierda- no ha terminado de consolidarse. Lo único que parece irreversible es la presencia en determinadas autonomías de partidos nacionalistas y separatistas. Pero ya han tocado techo como ha quedado evidenciado en los resultados de las últimas elecciones en Galicia.

Ahora más que nunca el PSOE necesita muchos dirigentes más como el presidente de la Comisión Gestora, Javier Fernández. Una pena que por ocupar dicho cargo no pueda, de momento, presentarse como candidato a unas primarias de secretario general y el Congreso que debe definir la línea ideológica de cara al futuro. Dirigentes sensatos, con personalidad y que trasmiten confianza es lo que pide el partido ahora más que nunca. El socialismo español ha tenido muy buenos dirigentes desde la etapa de la transición y hora es de que vuelvan éstos a ayudar a cimentar los fundamentos de un partido al que Pedro Sánchez, apelando al sistema asambleario, ha podido desnaturalizar si no se llega a actuar, aunque sea como mucha firmeza y crudeza, por los representantes de las autonomías donde el PSOE sigue siendo una fuerza mayoritaria. Lo peor es que hay intenciones perversas de llevar al partido a la división y el paso siguiente será romper la disciplina de voto. Porque los que apelan a la democracia no asumen que en el Comité Federal sus tesis quedaron derrotadas y por amplia mayoría.

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