Estados Unidos decide este próximo martes entre un peculiar Donald Trump y una oficialista Hillary Clinton

Los mercados están ya preocupados si Trump gana a Clinton en las Presidenciales de Estados Unidos.

La última encuesta que se ha dado a conocer en Estados Unidos dan una ventaja de cinco puntos a favor de Hillary Clinton frente a Donald Trump. Pero el sistema de elección del presidente en este país no es por elección directa sino a través del número de delegado que cada uno consiga en los distintos Estados, ya que quien gane, aunque sea por un sólo voto, se lleva el total de compromisarios que correspondan a ese territorio. Y a mayor población, como es lógico, mayor representación en cuanto a los miembros que componen el colegio electoral a nivel global.

Este próximo martes, casi en el amanecer del miércoles en España, se conocerá lo que deciden los ciudadanos americanos tras un largo periodo electoral, cargado de debates, mitines y tensión. La controvertida y peculiar personalidad de Donald Trump, que no le ha hecho falta emitir ni un sólo spot publicitario porque con el eco encontrado en todos los medios de comunicación ya le ha sido suficiente, y los correos electrónicos oficiales que Hillary Clinton pudo recibir a través de un servidor privado que persigue el FBI, incluso en estos últimos días de campaña, han ‘calentado’ y generado mucha incertidumbre sobre quién será el nuevo presidente de la primera potencia mundial y la primer economía a nivel internacional. Los mercados están muy atentos porque una elección de Trump no sería, en principio, bien recibida.

Sin embargo Trump es un personaje perfectamente conocido en el mundo financiero americano, desde su declaración  de quiebra en 1990 a los más de 3.500 millones de euros en los que se calcula su fortuna personal en la actualidad. No son sus pronunciamientos sobre la economía los que inquietan, precisamente, sino su improvisación continúa en temas sociales y su animadversión hacia la inmigración, cuando sus abuelos también lo fueron. Ha hecho un discurso en cada lugar para adaptarse a la mentalidad de muchos pobladores de los Estados de la América profunda que nada tienen que ver con lo se piensa a ambas lados del litoral atlántico y del Pacífico. Trump es un producto del reality show televisivo en la que un grupo de empresarios competían en la cadena NBC,  bajo su tutela como presentador, por 250.000 dólares y poder gestionar una de sus empresas. El personaje que también representa, como ha ocurrido también en España, ha sido difundido y creado por la propia televisión. Pero cuenta con un reconocimiento de los militares y también  con apoyos en la comunidad judía de Estados Unidos, de hecho una de sus hijas ha hecho publico que profesa la religión Judía aunque él se haya confesado presbiteriano pero con buenas relaciones, según ha dicho también, con los católicos.

Por contra Hillary Clinton es el prototipo de una política que ha sido el eje de toda su trayectoria personal. Es la candidata oficialista hasta de muchos líderes republicanos, que no han ocultado sus discrepancias con Trump tanto en la carrera de las primarias, en las nadie apostaba por él, como luego en la campaña. Clinton no genera ninguna sorpresa porque todos sus discursos y argumentos encaja en la tradición demócrata.

Y esto es lo que más inquietud provoca en este martes electoral. El fenómeno populista que ya afecta a media Europa parece haber llegado a Estados Unidos. Y ha entrado de la misma manera: gracias a la televisión.

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