Eficiencia, palabra de moda en la banca

Lorenzo Jiménez Márquez

Lorenzo Jiménez Márquez.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, eficiencia tiene su origen en el término latino efficientia  y  es la “capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado”, y no debe confundirse con la eficacia, que se define como “la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera”’.

Se trata de un término muy utilizado en diferentes ámbitos de actuación. En física como la razón entre la energía útil y la energía invertida en un proceso o en una maquinaria.  En economía este concepto es diferente al que se utiliza en otras ciencias. La Eficiencia económica pone de manifiesto  la relación entre el coste y  el valor de lo producido.  En los negocios y por todas las organizaciones empresariales,  se habla eficiencia cuando se trata de alcanzar un objetivo fijado con anterioridad en el menor tiempo posible y con el menor uso posible de recursos.

Si la rentabilidad se ha convertido en todo un reto para el sector financiero español, las entidades no descuidan su grado de eficiencia, de hecho, en los últimos años consecuencia del ajuste tan fuerte que está sufriendo el sector financiero en España, este término tiene cada vez mayor relevancia. Sin embargo, ni la ren­ta­bi­lidad ni la efi­ciencia en banca se co­rres­ponden con el ta­maño de cada en­ti­dad, pero si puede ayudar a mejora este ratio.

Nos referíamos a la eficiencia como uno de los indicadores más utilizados a la hora de establecer comparaciones sobre la productividad de diferentes entidades financieras, y podemos definir el ratio de eficiencia a la relación existente entre los “costes de transformación y el margen ordinario”. Es decir, qué costes de transformación (personal, administrativos, suministros, tecnológicos, alquileres,  etc.) tiene que soportar una entidad para conseguir un margen ordinario (ingresos financieros netos más comisiones).  Por tanto, este ratio indica cuánto le cuesta a una entidad hacer negocio, al comparar porcentualmente sus gastos con sus ingresos. De forma que cuando decimos que una entidad tiene de eficiencia el 50% necesita gastar 50 euros para obtener ingresos por 100 euros. Una entidad será más eficiente cuanto menor sea el ratio, es decir cuánto menores sean los costes de transformación por cada unidad de margen ordinario.

Para mejorar este ratio las entidades trabajan en dos sentidos: el aumento de los ingresos y la disminución de los costes.

Con tipos de interés negativo, los problemas para generar ingresos y ser rentables ante la falta de demanda de crédito solvente y la mayor presión regulatoria por la intención de proteger mejor la economía dejan pocas alternativas, de hecho, casi todo el sector asume que la mejora de este ratio debe venir por el lado de los costes.

Una de las principales alternativas para reducir los costes está ligada a la utilización intensiva de las nuevas tecnologías, sin embargo, además de la inversión en tecnología las entidades tendrán seguir haciendo la tarea. Una tarea que puede ser traumática ya que según parece habrá ajustes de plantilla, cierre y concentración de oficinas y más fusiones. No podemos olvidar que nuestro país sigue siendo  el que cuenta con más oficinas por número de habitante, cercano a 70 oficinas por cada 100.000 habitantes, este ratio en 2007 era superior a las 100 oficinas por cada 100.000 habitantes. En Europa, la media es de 28 sucursales por cada 100.000 habitantes  y hay países como Noruega donde no esa cifra no alcanza las 9. Es decir, que a nadie se le escapa que la reducción tiene que producirse y que será significativa.

En definitiva, las entidades tendrán que lograr de manera eficaz y eficiente reducir los costes y  gestionarlos. De hecho, la gestión de los costes implica supervisar los procesos de desarrollo, producción y venta de productos o servicios de buena calidad, al tiempo que trata de reducir los costes o mantenerlos a niveles objetivos.

Pero estas soluciones, por sí solas, no garantizan reconducir el negocio y sólo permiten rebajar los costes,  por lo que es vital compaginarlas con otras medidas, tales como: a) potenciar las actividades que mayor valor aportan y son más rentables,  mientras se abandonan aquellas que lastran los resultados y/o requieran excesivos esfuerzos. b) eliminar productos no rentables, c) incrementar el grado de vinculación mediante la contratación de productos de valor, d) aumento de la fidelidad mediante la adaptación continua a las necesidades de los clientes.

Me gustaría acabar este artículo resaltando la recomendación del  Banco de España  en su Informe de Estabilidad Financiera que dice que la banca debe ganar aún más eficiencia, mediante el ahorro de costes, la adaptación de sus modelos de negocio así como la adecuación de su estrategia, incluyendo, posibles fusiones, advirtiendo que la rentabilidad es uno de los principales retos que afrontan actualmente las entidades españolas, que se ven afectadas por los bajos tipos de interés.

Lorenzo Jiménez Márquez.
Economista

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