Vivire est cogitare: Fidel

Paco López Villarejo.

Hace más de diez años publiqué en Huelva Información, en mi habitual columna Carpe Diem un artículo en forma de carta que titulé ‘A Fidel’. Todavía no había sufrido su importante crisis de salud y, por tanto, no había tenido lugar el traspaso de poderes a su hermano Raúl. Fue un tiempo después de que visitara Roma, una visita, muy necesaria para los intereses de ambos mandatarios y en la cual Fidel Castro actuó como un agradecido y dócil invitado.

Como tras noventa años de significativa y muy influyente vida ha muerto, curiosamente un 25 de noviembre, la misma fecha en que hace sesenta años partió el yate Granma hacia Cuba, he querido recordar  algunos párrafos de dicho artículo que ahora,  lamentablemente,  siguen teniendo vigencia y de cuyos extremos he tenido ocasión de hablar con muchos habitantes de esa hermosa isla:  Han sido varias  visitas a Cuba que, además, consolidaron la confianza y amistad de  tantos, con diversos quehaceres y criterios  -de los que algunos me quedan aunque otros como Julio García Espinosa o Tomás Gutierrez Alea, el entrañable Titón,  ya se fueron para siempre- que me permitieron pulsar en profundidad sus inquietudes y opiniones.

Creo debo comentar que conocí personalmente al Comandante y que muy brevemente departí con él en dos ocasiones: La primera en una recepción protocolaria a diversos invitados al Festival de Cine de la Habana en uno de los salones reservados del Hotel Nacional y la segunda en la casa del director de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Miramar, en una reunión más informal a la que acudió de improviso -posiblemente a instancias de su amigo Gabo que también estaba allí-.  En la primera ocasión actuó de presentador Alfredo Guevara,  fundador y director del ICAIC así como del  Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano; en la segunda, Julio García y el mismo García Márquez (Conservo como un tesoro, un ejemplar de ‘El amor en los tiempos de cólera’ editado en Cuba y dedicado y firmado por el mismo autor, fruto de ese afortunado encuentro).

Escribí yo entonces:

“Sigo viendo con dolor, comandante, que la patria de Martí es un feudo a su servicio y que la bandera de la libertad que usted esgrimió en el cincuenta y nueve para ganarse el apoyo de los cubanos, yace ignorada en el último rincón de sus más olvidadas promesas. Verifico con tristeza que sigue utilizando como argumento el término socialismo sin sentir (o sí?) que le quema la boca, vergüenza de prostituirlo. Compruebo que continua identificando Cuba con su persona (…) Veo, como todo el mundo, que es usted un dictador puro y duro, en la peor tradición americana y en la mejor de las europeas.

“Ahora ha estado usted en Roma (…) Ha enfrentado su representación dictatorial con dos mil años de poder y diplomacia que sostienen otro poder personal. Pero usted pierde: en su afán por mantenerse, esgrimiendo la miseria y el dolor del pueblo cubano, ha llamado a la puerta de milenios de sabiduría política (…) Allí defendió la dignidad de un dictador que amordazó a España durante cuarenta años. Y en su aserto lo hizo frente a un presidente español que, discutido o no, que nos guste o no, ha sido elegido por el pueblo. Algo de lo que usted no puede jactarse.

“(…)    La Historia recogerá como después de su caída, de su muerte, el último rastro de su férula será borrado del suelo de Cuba, como lo hizo Rusia con Stalin, otro socialista de sí mismo, otra ladilla del poder, otra termita de la libertad. Y lo veré, Comandante: Cuba mañana, sin usted, será libre”

Fidel ha muerto, sí, pero desde febrero de 2008 en que delegó el poder por motivos de salud, su duro hermano Raúl es el encargado de seguir manteniendo a Cuba amordazada. La muerte de Fidel, para los cubanos será una anécdota a menos que Raúl introduzca los cambios por los que todos en la isla claman: partidos políticos, votaciones libres, parlamento democrático, libertad de movimientos de la población, desaparición de los delitos políticos y, por tanto, liberación de los cientos de presos que por esta causa permanecen en las cárceles, reorganización y liberación económica y libre mercado… Cambios fundamentales en fin que la dinastía Castro, me temo, no abordará.

Cuba, gracias a los Castro, constituye hoy un híbrido político y socioeconómico en cuyas estructuras se da lo peor del capitalismo y lo peor de las dictaduras, socialistas o fascistas: el adjetivo poco importa si los efectos son los mismos. ¿Sabían que es más barato hospedarse en Nueva York o en Londres que en La Habana? Prueben a reservar un hotel en la hermosa ciudad cubana y verán: por eso proliferan los alojamientos en casas particulares. Por eso y porque las familias cubanas necesitan sobrevivir en una realidad dramática: casi sin trabajo, con sueldos miserables cuando lo encuentran, desabastecidos, con infraestructuras obsoletas y peligrosas, sin libertad, con gravísimos problemas energéticos… Vayan a Cuba cuanto antes: es una isla maravillosa poblada por gentes también maravillosas. Pero vayan preparados.

Carlos Puebla, el conocido cantor de la revolución, entre la multitud de canciones magníficamente hagiográficas y mitificadoras sobre Fidel, Che, Camilo  y la revolución, tiene alguna otra que muestra la cara menos agradable del mito, el aspecto más represivo e implacable. Por ejemplo, “Duro con él”, en la que con esa hermosa y rítmica música de son, dice lo siguiente: “Al que asome la cabeza, duro con él, Fidel duro con él (…) A quien piense seguir aquí, conspirando a todo tren, que recuerde por su bien que el paredón sigue ahí: Al que asome la cabeza, duro con él, Fidel duro con él. Quien piense en algún mañana, mejor que lo piense bien, que aquí sabe cada quien el que vive en su manzana: al que asome la cabeza, duro con él, Fidel duro con él”. ¿Encuentran mucha diferencia entre este nivel de vigilancia y dura represión con otras dictaduras, por ejemplo, con la que padecimos nosotros? Quizás sí, ahora que lo pienso: la policía política secreta de Fidel era mucho más eficiente. pues supo crear una maraña de delaciones inmisericorde.

Hay un libro interesante para acercarse al proceso de la revolución de Fidel y a su controvertido y complejo carácter:  Como llegó la noche, escrito por un revolucionario desencantado y huido del paraíso cubano tras el cincuenta y nueve. Si controlamos su demagogia y lo contrastamos con el que escribió Norberto Fuentes, La autobiografía de Fidel Castro, más ortodoxo y bendecido por el dictador, tendremos una visión bastante aproximada al proceso revolucionario cubano y a la neblinosa personalidad del personaje que ha dejado este mundo tras haber escrito una página muy importante de la Historia: expulsó a un jerarca corrupto y vendido a los USA pero no saneó y enriqueció el país sino que lo esclavizó y lo puso a su servicio y al de sus nuevas élites.

Recupero a Carlos Puebla para terminar y, esta vez, a la letra de su canción más repetida en Cuba y en las universidades españolas en la década de los sesenta y setenta y que se utilizaba contra nuestra propia dictadura envidiando la revolución de Castro y su prometido paraíso de libertad y riqueza socialista para todos: “Aquí pensaban seguir tragando y tragando tierras sin sospechar que en la Sierra se alumbraba el porvenir y seguir de modo cruel la costumbre del delito, hacer de Cuba un garito y en eso llegó Fidel”.

Llegó y se quedó, y luego puso a su hermano, y su hermano, seguro ya está preparando al sucesor.  El pueblo, ni está ni se le espera. ¿Mereció la pena Fidel?

Francisco López Villarejo
Doctor en Historia. Consultor cinematográfico

 

 

 

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