Vivire est cogitare: Mujeres

francisco lópez villarejo

Paco López Villarejo.

Fue en marzo de 1857, cuando en el marco de la revolución industrial, varias mujeres salieron a protestar a las calles de Nueva York para denunciar las terribles condiciones en que las trabajadoras del sector textil realizaban sus tareas: bajísimos salarios, horarios extenuantes y condiciones de salubridad y seguridad imposibles de empeorar, amén de todo tipo de vejaciones y abusos en los que no estaban ausentes, sino todo lo contrario, violaciones y humillaciones diversas por parte de encargados y jefes, hombres por supuesto. En todo caso, no se ha podido confirmar que fuera el día ocho de marzo. Lo que sí parece probado es que años más tarde, el 28 de febrero de 1909, se celebró en Estados Unidos el primer Día Nacional de la Mujer, promovido por un partido socialista que se veía en Norteamérica con muchas más reservas que en Europa, a cuya conmemoración solo se sumaron dos grandes ciudades,  Nueva York y Chicago, pasando inadvertido por el resto de centros en los que también la mujer estaba en la línea de producción y transformación de los textiles.

En 1910, un año más tarde, unas cien mujeres procedentes de un par de docenas de países industrializados acudieron a Copenhague donde el partido socialista decidió celebrar la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas y en el transcurso de la cual se celebró el  Día Internacional de la Mujer, con el principal objetivo de conseguir el sufragio universal femenino como instrumento imprescindible para defender sus derechos. Al año siguiente cuatro potencias industriales europeas, Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, de la mano también del partido socialista, celebraron la jornada por la mujer el 19 de marzo, convirtiendo ese día, con actos de protesta y manifestaciones, en jornada de reivindicación.

¿Y en España? Pues la verdad es que, como casi siempre, las diferencias de actitudes, procedimientos y proyectos de los distintos partidos y sindicatos hizo muy difícil la unidad. No obstante a partir de 1936 se empezó a tomar conciencia del asunto y, tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero, hay constancia de tímidos movimientos al respecto, que podrían considerarse como los primeros indicios de celebración aún siendo el ocho de marzo de este año el primero en que oficialmente se conmemora la efemérides. Casi cuarenta años transcurrieron desde este momento hasta que la ONU,  coincidiendo con esta fiesta reivindicativa, declaró en 1975 el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, si bien no con el carácter explícito de defensa de derechos y lucha con el que nace.

El dia 8 de marzo, entre la multitud de mensajes, vídeos, fotos y máximas aleccionadoras y más o menos casposas que todos recibimos por WhatsApp, me llegó una, atribuida (nunca se sabe) al autor de El Señor de las Moscas, William Golding, que, vestida con el aparente ropaje de la adulación, constituye un verdadero manifiesto a la confirmación para la mujer de la doctrina nacionalsocialista (Kinder, Küche, Kirche -niños, cocina e iglesia-), que tan lamentables frutos , y tan catastróficos y dramáticos, dio entre la década de los treinta y cuarenta del pasado siglo en Europa y a partir de 1939 y hasta 1977 en España. Revisémoslo:

 “Creo que las mujeres están locas sin pretenden ser iguales a los hombres. Son bastante superiores y siempre lo han sido. Cualquier cosa que des a una mujer, ella lo hará mejor. Si le das esperma, te dará un hijo. Si le das una casa, te dará un hogar. Si le das alimentos, te dará una comida. Si le das una sonrisa, te dará su corazón…” Ni doña Pilar Primo de Rivera, la hermanísima e irrepetible hija de don Miguel y Jefa y Delegada Nacional de la Sección Femenina hasta 1977 en que la cesó Adolfo Suárez, lo hubiera dicho mejor. No parece sino que el que atribuye al autor de El Señor de las Moscas esas palabras hubiera asistido en Berlín junto a la virtual prometida de Adolfo Hitler (Ernesto Giménez Caballero movió ficha en este sentido) al Congreso Femenino de 1941. Eso sí, en este mensaje que comento, la coda no tiene desperdicio: (La mujer) “…engrandece y multiplica cualquier cosa que le des: Si le das basura, ¡prepárate a recibir toneladas de mierda!” Lo que, haciendo forzada abstracción de su ausente delicadeza, no deja de ser un escupitajo lanzado sin la más ligera vacilación. Como los sicarios de la Roma imperial: primero te colman de fáciles y aparentes adulaciones y luego te abrazan para palpar antes tu mejor espacio intercostal y clavar el puñal más certeramente. Casi imposible ser más desconsiderado, injusto y zafio. ¿A quien se le habrá ocurrido? ¿Por qué distribuirlo hoy precisamente?

Es fácil, siempre ha sido social y políticamente fácil situar a la mujer en los espacios más ingratos o en el anonimato más absoluto. Solo unas pocas a lo largo de la humillante historia de la mujer han sabido, o han tenido la suerte, de conseguir se reconocieran sus méritos, su trabajo y/o su papel en todos los aspectos de la vida social, artística, intelectual, científica… solo unas pocas, muy pocas si las comparamos con las miles, millones que, de seguro, fueron silenciadas, ignoradas, humilladas o eliminadas por ser mejores que sus contemporáneos, o al menos iguales, en cualquier tarea especializada. Solemos traer a colación siempre a un par de docenas de las que consiguieron horadar el grueso y compacto muro de la invisibilidad en la que se veían obligadas a permanecer. Conocemos sus nombres (Alma Mahler, Frida Kahlo, Virginia Wolf, María Salomea Sklodowska… o Benazir Bhutto, Teresa de Calcuta, Emilia Pardo Bazán… en fin), pero son unas pocas: Nada comparado con el inmenso numero de las geniales anónimas que jamás conoceremos y a las que de seguro hombres de su entorno -señores, maridos, hermanos, hijos…- robaron sus logros y se los atribuyeron como propios o los destruyeron con rabia y celos.

El color morado es el color representativo de la mujer, el del Día de la Mujer. Creo que tiene que ver, aunque las explicaciones sean otras, con el hecho de que es el color del dolor y la pasión tradicionalmente usado por la Iglesia Católica en los días más tristes de su culto. Quizás  por lo incardinada que estaba la vida y calendario religiosos a la mentalidad colectiva. Puede que, para escapar de este razonamiento, nada grato para los socialistas, motor reivindicativo de la corriente feminista, se extendió otra explicación. Que el color morado se debe a la columna de humo violeta que se generó cuando en Estados Unidos, tras los dramáticos sucesos de 1908, un empresario, ante la huelga de las trabajadoras, prendió fuego a la fábrica con todas las mujeres dentro. La columna de humo violeta fue causada por el color de los tenidos, morados, que  las mujeres procesaban en el momento del incendio y de su muerte.

Desde 1776 en que en Nueva Jersey se autorizó accidentalmente el voto femenino -años después fue anulado dicho derecho- hasta 1984 en que se le reconoció en Liechtenstein (¡Hace solo 33 años!), el camino de la mujer por lograr algo tan evidente ha sido largo y doloroso. De hecho, en Arabia Saudí, junto a otros más de treinta países, las mujeres siguen sin poder votar y nuestros vecinos portugueses no lo consintieron hasta 1974. No me resisto a reproducir aquí, para vergüenza propia y ajena, que cada cual mire hacia dentro, las palabras que pronunció un diputado en el Parlamento de Suiza en 1971, hace solo poco más de cuarenta años, cuando se discutía si dar el voto a la mujer o no: “¿Conceder el derecho de voto a las mujeres? ¡Que idea más ridícula! El cerebro de la mujer es más pequeño que el de los hombres lo que demuestra que las mujeres son menos inteligentes. Son propensas a actitudes extremistas y se asocian a campañas sin consultar antes a sus maridos. (…) Y si las mujeres son elegidas al parlamento, ¡Que deshonra supondría esto para sus maridos! Éstos estarían obligados a cocinar en casa!”

 En España las mujeres ejercen su incuestionable derecho al voto a partir de su aprobación el 1 de octubre de 1931, en unas Cortes en las que solo había tres mujeres, de las cuales solo una, Clara Campoamor, defendía el voto femenino. De las otras dos, Victoria Kent estaba en contra y Margarita Nelken, más tibia, terminó votando también en contra temiendo que las mujeres, por su tradicional religiosidad, supeditaran su voto  a los consejos del confesor.  Años antes, en 1910, las mujeres pudieron acceder a la Enseñanza Superior en igual condiciones que el hombre. Emilia Pardo Bazán fue beneficiaria de este hecho y ese mismo año fue nombrada consejera de Instrucción Pública

Para terminar, quiero recordar aquí que en España solo el 37% de los cargos directivos están ejercidos por mujeres, la representación femenina en la política ronda el 40% y solo el 28% de los puestos relacionados con la tecnología están ocupados por mujeres.

Francisco López Villarejo
Doctor en Historia. Consultor cinematográfico

 

 

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