El precio del aire

josé luis pons

José Luis Pons.

¿Están ustedes seguros de que, cuando hablamos de conceptos de Libertad, sólo se hace referencia al tercer mundo?

Resulta curioso que el concepto de libertad  vaya siempre ligado al confinamiento, control de libertad de expresión, movimiento, y amenazas diversas. Pero también se puede afirmar que la falta de libertad, en estos tiempos, nos aprisiona a todos en el Mundo.

Miren ustedes a su alrededor. Usted depende del dinero; si no tiene dinero, usted no tiene libertad. Quedando, posiblemente, confinado en un rincón, a la espera de algún acto de caridad externo.

Creo firmemente que existen civilizaciones (sobre todo en Asia) que resultan felices con muy poco, y nos miran con sorpresa cuando paseamos por sus calles haciendo fotos de su vida cotidiana, aparentemente miserable  -digo aparentemente- porque esa actitud resulta algo extraña en personas que con solo lo necesario mantienen una constante y larga sonrisa ante nuestra presencia.

Casi todos vivimos en un hogar que, hasta que no finalice la hipoteca, pertenece al Banco que nos prestó el dinero. Casi todos tenemos un medio de locomoción propio, que nos costó dinero, y que para que funcione necesita un carburante, que también cuesta dinero. Podemos exceptuar las bicicletas y otros medios de transportes con propulsión humana. Pero, aún así, la bicicleta hubo que adquirirla con dinero.

Si salimos a la calle cualquier día nos daremos cuenta que necesitamos dinero para desenvolvernos en una perfecta sociedad de consumo. Solo nos sale gratuito el pasear, y aún así estamos desgastando los zapatos.

Pagamos por utilizar nuestra ciudad, por aparcar, por desplazarnos, por comer, por dormir, por beber y por desenvolvernos es esta sociedad libre, que nos mantiene falsamente encasillados.

Mire la factura del agua que consume, o la factura de la electricidad que utiliza en su hogar, o los recibos de diversas tarjetas que hemos utilizado para comprar todo lo que creemos necesario para mantener la mal llamada “calidad de vida”.

Lo tenemos parcialmente contaminado, pero sólo el aire que respiramos nos sale, de momento, gratuito.

No queda muy lejos el día en el que los grandes millonarios de la tierra piensen un sistema de encapsulamiento de las grandes urbes, donde se cobre por el consumo del aire en un planeta cada vez más contaminado. Y es más, parece que, al no cuidar el planeta, estamos facilitando el trabajo a los posibles inversores.

No lo duden. Hace décadas, habían necesidades gratuitas por las que hoy se paga. Nuestros nietos también guardarán su factura por el precio del aire. Esperemos que, por lo menos, permitan que les desgrave en su declaración de la Renta.

JOSÉ LUIS PONS

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