El acusado del doble crimen de Almonte reitera su inocencia mientras el fiscal insiste en su culpabilidad

La defensa de F.J.M. califica de "auténtica chapuza" la investigación

Furgón de la Policía Nacional

F.J.M, acusado por el doble de crimen de Almonte (Huelva), en el que murieron en abril de 2013 una menor de ocho años y su padre, M.D.E., ha mantenido su inocencia este jueves durante su declaración en la segunda sesión del juicio y ha insistido en que “por supuesto que no los maté” ante las preguntas del Ministerio Fiscal, que ha insistido en su culpabilidad.

El acusado, que se encuentra en prisión desde junio de 2014 y que mantenía una relación sentimental con la madre y expareja de los fallecidos cuando ocurrieron los hechos, ha asegurado que tenían “una relación de idas y venidas, nunca le pedí que dejara a Miguel Ángel D.E. Siempre la respeté”.

A la pregunta sobre cómo llegó su ADN a unas toallas que se encontraban en la vivienda donde aparecieron los cadáveres, ha remarcado ha contestado que “no me lo explico, porque llevaba tres años sin acceder a esa casa”.

Preguntado por la relación que mantenía con Miguel Ángel, ha indicado que era “cordial” y ha añadido que “era una persona que no tenía problemas con nadie, una bellísima persona, todos los querían en Almonte y nunca se metió en problemas”.

El fiscal, Pablo Mora, ha insistido en su culpabilidad, argumentando este miércoles ante el jurado popular que las pruebas son “claras y con contenido incriminatorio”, mientras que su defensa, ejercida por el letrado Francisco Baena Bocanegra, ha mantenido la inocencia de su cliente.

El fiscal ha detallado las pruebas en las que se basa para decir que “no hay dudas” sobre su culpabilidad. Así, se ha referido al hallazgo de ADN en tres toallas de la vivienda donde aparecieron los cuerpos de las víctimas, con las que, según el fiscal, tras los hechos, “se lavó las manos y la cara siendo estos restos depositados de manera directa”.

El fiscal ha indicado que “se trata de un crimen pasional, no de carácter sexual o contra el patrimonio”, motivado por la relación sentimental que mantenía el acusado con M.O., la madre y expareja (habían cesado la convivencia 20 días antes) de los fallecidos cuando ocurrieron los hechos.

Argumenta el fiscal que el acusado “mintió en su declaración”, ya que ningún compañero lo vio salir del supermercado donde trabaja a la hora que él dice, y momentos antes del crimen “unos vecinos escucharon una discusión entre dos hombres con acento de la zona”, indicando además que la cerradura no estaba forzada. No obstante, asegura que en la vivienda se han encontrado restos de otras personas que “no se han podido analizar y que podrían pertenecer a familiares o a otras personas que estuvieron en la casa.

“No hubo celos”

Por su parte, Baena Bocanegra ha pedido a los miembros del jurado “anteponer el sentido común al corazón”, asegurando que “no hay peor víctima que un inocente condenado”, y ha indicado que cuando ocurrieron los hechos, el fallecido y M.O. llevaban “20 días separados en toda regla”, algo que “desmonta el móvil de los celos”.

La defensa del acusado ha hecho especial hincapié en que éste “estuvo colaborando con la Guardia Civil en todo momento, antes de ser detenido tras el hallazgo de su ADN en unas toallas que estaban detrás de una puerta, limpias, sin restos de sangre ni pelos, y que también contenían ADN de otras personas” y ha calificado de “auténtica chapuza” la investigación de los hechos. Además, Baena Bocanegra ha propuesto nuevas pruebas testificales, entre ellas la del hermano y tío de los fallecidos, que ha tenido que abandonar la sala hasta que la juez delibere, y otras periciales, como escuchas telefónicas y visionado de las cámaras del supermercado en el que trabajaban los tres, pruebas a las que las partes se han opuesto.

Por su parte, la acusación ejercida por M.O., Inmaculada Torres, ha asegurado que “ella es una víctima y no se le puede juzgar ni condenar socialmente por mantener una relación paralela al ilusionarse con F.J.M.,”, incidiendo en que en el momento de los hechos “eran aún marido y mujer y le guardaba un profundo cariño porque empezaron siendo unos niños”. Tras asegurar que está en un proceso depresivo y en un protocolo antisuicidio, ha asegurado que la relación con el acusado “era oculta y era tóxica, basada en el control de idas y venidas y fue víctima de violencia psicológica”.

Por último, el abogado de los padres y abuelos de las víctimas, Gustavo Arduán, ha insistido en las pruebas existentes contra el acusado y ha defendido que se trata de “un crimen pasional” al considerar que el acusado “no soportaba que M.O. no terminara de dejar a su marido”, y ha mantenido que lo hizo con “premeditación, pues lo había planificado con anterioridad y tomado precauciones para no ser descubierto”.

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