1 de cada 3 jóvenes activos en el mercado laboral en España tienen bajo nivel de cualificación

Frente a sólo 1 de cada 8 en la UE

Las perspectivas laborales de los jóvenes sin formación van a ir menguando en los próximos años a medida que los empleos van introduciendo mayores exigencias de capacitación

Analizamos la cualificación de los jóvenes en España: ¿estamos ante una generación suficientemente bien formada? Una de las aparentes paradojas del mercado laboral español en la actualidad es la de que pese a que todavía los niveles de paro son muy elevados –una tasa del 16,74% nos sitúa de manera destacada en el segundo lugar por la cola en la Unión Europea-, para numerosas profesiones y perfiles las empresas se encuentran con escasez de profesionales. Es el problema que, en el mundo de los recursos humanos, se conoce como ‘Déficit de talento’.

Este problema tiene una ramificación en el caso de los jóvenes. En España la tasa de paro de los menores de 25 años es actualmente del 36,34%, casi 20 puntos por encima de la tasa general. Y en el caso de los jóvenes de 25 a 29 años es del 22,48%. Por otra parte, con frecuencia se escucha que contamos en estos momentos con la generación de jóvenes mejor preparada de la historia de España.

Las implicaciones y matices que dicha afirmación encierra son demasiado abundantes y complejos para analizar en esta sección, pero hay una parte que sí es posible comprobar con facilidad recurriendo a fuentes oficiales: los niveles de cualificación alcanzada por los jóvenes activos en el mercado laboral. ¿Han alcanzado los jóvenes españoles un alto nivel de cualificación? ¿Superan la comparación temporal y con otras economías cercanas?

Tomando datos de población activa por niveles de cualificación alcanzados de Eurostat, la oficina estadística de la Comisión Europea, la respuesta a la primera parte de la pregunta parece ser positiva. Los jóvenes españoles tienen hoy un nivel de cualificación superior al escenario previo a la crisis. Así, en España el 47,0% de los jóvenes –de 25 a 29 años- que forman parte de la población activa (están ocupados o buscando activamente empleo) cuentan en la actualidad con un nivel de cualificación superior –un nivel de cualificación que se asocia con la formación terciaria según la clasificación internacional ISCED, que engloba los niveles más altos de la escala formativa, del 5 al 8, que engloban la FP de grado superior y formación universitaria de todos los niveles-.

Diez años antes, en el primer trimestre de 2008, la proporción de jóvenes activos con formación terciaria era de solo el 39,3%, por lo que en 10 años se ha incrementado la proporción en 7,7 puntos.

Además, estamos por delante de la media de la Unión Europea, que es de un 41,3%, aunque por detrás de numerosos países de la UE, como Irlanda (55,7%), Bélgica (50,9%), Reino Unido (50,5%), Dinamarca (49,4%) o Francia (49,3%), por señalar los principales ejemplos.

Sin embargo, el análisis de la cualificación de los jóvenes no se agota prestando atención al segmento de los más cualificados, sino que es especialmente relevante, dadas las obvias dificultades de inserción laboral, analizar la situación de los jóvenes menos cualificados, el otro extremo de la distribución. Y en este caso las noticias son malas: mientras que en la Unión Europea sólo el 12,8% de los jóvenes activos en el mercado laboral –siempre en el segmento 25 a 29 años, que ya han tenido que completar sus estudios- cuentan con un nivel de cualificación ‘bajo’ –un nivel que engloba las categorías ISCED 0 a 2, o lo que es lo mismo, haber alcanzado, como mucho, el nivel de secundaria obligatoria-, en España esta proporción alcanza a casi un tercio de los jóvenes, un 31,1% del total. Y mientras que en 10 años en Europa la proporción se ha reducido 4,4 puntos, en España la proporción de jóvenes poco cualificados sólo ha disminuido 2,7 puntos en el mismo período.

Por tanto, a día de hoy 1 de cada 3 jóvenes que se encuentran activos en el mercado laboral en España cuentan con un bajo nivel de cualificaciónfrente a sólo 1 de cada 8 en la UE-, lo que tiene dos consecuencias. La primera, inmediata: sus tasas de paro –como las de todos los trabajadores sin cualificación, tengan la edad que tengan- son mucho más elevadas que las del conjunto de la población. Y la segunda, a futuro: sus perspectivas laborales van a ir menguando en los próximos años a medida que los empleos van introduciendo mayores exigencias de capacitación, lo que sucede de manera cada vez más general y más acelerada.

Un escenario muy complejo para los jóvenes españoles sin cualificación, que aunque observen que existen oportunidades laborales –el dinamismo en la contratación es una muestra de ello- comprueban como no están adecuadamente preparados para las mejores ofertas de nuestro mercado de trabajo.

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