El delegado de Medio Ambiente se interesa por el proyecto de La Ruta de los Molinos del Agua de Beas

El Ayuntamiento planea un itinerario de siete aceñas en un espacio natural

El alcalde, acompañado por técnicos municipales, también reivindica “el reclamo turístico de gran interés para el municipio y el pueblo de Beas” que conlleva 'La Ruta de los Molinos de Agua'

El delegado territorial de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, José Antonio Cortés, ha visitado el arroyo de Los Molinos, también conocido como el arroyo de Las Monjas, en el término municipal de Beas. El alcalde de la localidad, Diego Lorenzo Becerril, ha informado al representante de la Junta de Andalucía del proyecto ‘La Ruta de los Molinos de Agua’, con el que el Ayuntamiento de Beas pretende establecer un itinerario patrimonial y cultural en un espacio natural.

“La zona tiene un gran valor histórico y, sobre todo, etnológico porque muestra la huella de los aprovechamientos de los recursos naturales que ha ido realizando el hombre”, ha declarado José Antonio Cortés, quien se ha interesado por la iniciativa y por las derivaciones medioambientales que puede llegar a alcanzar.

Becerril ha explicado que ‘La Ruta de los Molinos de Agua‘ persigue unir el espacio que se encuentra entre los al menos siete molinos documentados. Tres de ellos, el Molino de la Llave, el Molino de la Higuera y el Molino de La Loba han sido restaurados recientemente. El Molino de Miracielo está muy deteriorado y los de Rompechozos, El Álamo y Chaparrito se encuentran en ruinas.

El alcalde, acompañado por técnicos municipales, también reivindica “el reclamo turístico de gran interés para el municipio y el pueblo de Beas” que conlleva ‘La Ruta de los Molinos de Agua’.

Estas aceñas permitieron la utilización de la energía hidráulica para molienda de trigo hasta el pasado siglo. Los molinos servían para moler el trigo y elevar el agua a un nivel superior. Como especifica el proyecto elaborado por el Consistorio para justificar su interés cultural, los molinos de agua se construían en el mismo cauce del río para que la fuerza de la corriente moviera una ruedas vertical u horizontal de paletas. A través de un sistema de engranajes, el movimiento de giro del eje transmitía al eje de una piedra de moler.

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