Ese viene a por el dinero de las bulas

Eduardo Pérez de Lara y Sánchez

Imagen de uno de los documentos que se conservan en el Archivo Histórico de San Bartolomé.

“En el Lugar de Sn Bartholomé de la Torre, en diez y siete de Marzo de mill settecientos setenta y uno, Yo, J(ua)n Miguel de Sn Antonio, Agustino descalzo y predicador…en cuarto grado de consanguinidad, habiéndoles dispensado, por Su Santidad, dicho parentesco como consta en la Bula que presentó, despachada, en la Ziudad de Sevilla”

Don Francisco Borrero del Real

No se sabe cuál hubiera sido el porvenir del bulero del Lazarillo de Tormes allá, por la Castilla Antigua, pero bien podría haber amasado una fortuna en el lugar de San Bartolomé del siglo XVIII, cuando los apenas cien vecinos[1] se veían en el momento de formar una familia y se les requería la dispensa por tercer o cuarto grado de consanguinidad.

En el San Bartolomé del siglo XVIII sí que tenemos constancia, tal y como relatan las partidas parroquiales, de una persistente demanda de bulas, dispensas y demás formalidades para librarse del impedimento que suponía casarse, por ejemplo, entre primos.

Sería una exageración el tildar a San Bartolomé de lugar endogámico, pero sí que es verdad que las partidas parroquiales de matrimonios canónicos de entre el XVII y XVIII relatan una predominancia intra-bartolina, aunque a partir de la huída de los franceses, en 1811, parece ser que se empezó a popularizar el matrimonio entre personas de los pueblos de alrededor.

Un caso curioso es el de Domingo Yáñez, bartolino de principios del siglo XVII, casado con María Martín. Todo parece apuntar a que provenían de Villanueva de los Castillejos, no obstante solo sabemos de la quema de los registros parroquiales y el saqueo sacrílego llevado a cabo por portugueses (1665) y por franceses (1811) que no tuvieron ni el más mínimo respeto por la religión católica, tal y como relata tan amargamente Don José Antonio Rodríguez, párroco del lugar.

Dicho Domingo tuvo como hijo a Bartolomé González-Rasco, hecho nada impresionante, quien se casó y tuvo por hijo a Domingo Lorenzo de quien provienen, al menos, cuatro líneas masculinas conocidas que llegan hasta nuestros tiempos en San Bartolomé de la Torre.

Dichos hijos de Domingo Lorenzo tuvo por hijos a: Bartolomé, José, Juan y Antonio; de los que se tienen constancia y que hayan dejado descendencia masculina hasta nuestros días. Este hecho significa que el cromosoma masculino de esta familia se ha asegurado un arraigo total y una superioridad notable frente a los demás.

Sin embargo, esto no se resalta en el uso del apellido, ya que en esos tiempos las reglas onomásticas iban un poco por libre y los apellidos entre hermanos rara vez coincidían. Es por eso por lo que muchos apellidados: Lorenzo, Raso, González, Macías, Pérez e incluso Baes; sean descendientes[2] vivos, por vía masculina, de dicho Domingo Lorenzo: nacido en San Bartolomé en 1695 y casado con Isabel de Baes en febrero de 1718.

Este hecho hace que nuestro árbol genealógico se vea alterado, no solo por la predominancia cromosómica de dicho Domingo Yáñez (el primer varón de la línea del que se tiene constancia hoy) en San Bartolomé, sino que la consanguinidad endémica de San Bartolomé, al ser tan pequeño, ha hecho que aquellos nacidos entre 1930-1950[3] tengan un aproximado 3.52-0.88% de sangre (composición genética) de Domingo Lorenzo[4] quien recordemos nació en 1695.

En este caso, al ser tan distante, sería el cuatro o cinco veces tatarabuelo de los que hoy son nuestros mayores. Una persona normal se supone que debe tener entre 128 y 256 tatara(x5)-abuelos, no obstante hay casos que debido a la fertilidad del matrimonio de Domingo Lorenzo e Isabel de Baes, el número de tatara(x5)-abuelos se reduce de unos 57[5] a 114 ancestros directos en la séptima generación, lo que supone casi la mitad de lo que debería ser en un caso de matrimonios sin vínculos familiares.

Como dije, los apellidos son dispares y no siempre se consigue mantener la línea masculina de forma ininterrumpida, pero aún así sí que es increíble y muy interesante el hecho de que una simple familia haya sido capaz de perdurar su legado tan significativamente a lo largo de 300 años.

Nada hay para alarmarse, puesto que estos datos siguen estando dentro del espectro de lo normal y lo único que hace es mantener, en la sangre de los bartolinos, un pasado del cual solo nos quedan letras escritas en unos libros viejos.

Eduardo Pérez de Lara y Sánchez

Archivos Parroquiales – San Bartolomé de la Torre (1665-1900)

Catastro de la Ensenada – San Bartolomé de la Torre (1751)

[1] Según el Catastro de la Ensenada de 1751 – 109 vecinos, de entre ellos 2 clérigos.

[2] Es por este desorden en los apellidos por lo que no es de recibo “apellidar” a esta familia de ninguna manera, más que como se apellidaron a sí mismos sus descendientes.

[3] Entendiendo que son bartolinos de más de una generación, con abuelos o bisabuelos de San Bartolomé.

[4] También de su mujer, Isabel de Baes.

[5] Solo en los casos más acusados de endogamia reciente – que no se ha reportado todavía.

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