Porta la corona de la coronación, realizada con las donaciones de los rocieros de principios del siglo XX, el rostrillo de Muñoz y Pabón y las ráfagas de puntas de martillo o redondas. Las flores que acompañan al vestido son flores de talco esmaltadas a color, confeccionadas por José Manuel Vega. Además, el paso luce engalanado recordando imágenes de las romerías del Rocío del siglo XX

Una de las novedades más destacadas la encontramos en el paso, que luce engalanado recordando imágenes de romerías del siglo pasado. Las flores que vemos en las esquinas son flores de talco, esmaltadas a color, confeccionadas por José Manuel Vega.

Rodean el techo del paso unas bambalinas realizadas por el bordador jerezano Fernando Calderón, cuyo tejido reproduce un dibujo del siglo XVIII llamado modelo San Felipe, compuesto por espigas de trigo y un entramado variado de flores silvestres. Muestra una gran variedad de elementos decorativos antiguos ofreciendo una estética propia de finales del siglo XIX.

La Virgen también luce algunos estrenos, un broche, el escudo pontificio de San Juan Pablo II, al cumplirse 25 años de su visita, donde aparece la frase que dijo desde el balcón del Santuario “Que todo el mundo sea rociero”, donado por una familia de devotos de Almonte, que lo ofrecen en acción de gracias, y otro de oro e incrustación de piedras rojas y verdes, con la forma del anagrama de María, rematado con la corona real, basado en el anagrama mariano que luce el simpecado de nuestra Hermandad en la parte trasera. Este último ha sido donado por un grupo de almonteños, con motivo de la celebración del primer centenario de la Coronación Canónica de la Virgen.