Vivire est cogitare: A galopar

PACO LÓPEZ VILLAREJO

Paco López Villarejo.

No se a ustedes pero a mi, la actual dinámica política, quizás sea por la inmediatez de sus mensajes o por la inflación de los mismos gracias a la abundancia de medios, me introduce en una espiral de ansiedad que termina angustiándome. Es como si estuviéramos siendo espoleados artificialmente en un proceso que de alguna forma debiera ser más reposado, más meditado y razonable. Pero ni se lo plantean. Sienten miedo al vacío, a dejar algún minuto de respiro al personal. Mal asunto. La necesaria y tranquila reflexión ha sido sustituida por una carrera desenfrenada, por un tour de force en el que no va a ganar nadie: perderemos todos.

En esta dinámica de descalificaciones, de promesas disparatadas, de encuestas,  aunque ni venga al caso ni tenga justificación en cuanto al sentido y finalidad del poema, inevitablemente me viene a la cabeza el que escribiera Rafaél Alberti, “A galopar”. Y, además, con el ritmo que el cantautor Paco Ibáñez le imprimió musicalmente: “Las tierras, las tierras de España, las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo, al sol y a la luna. ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar, a galopar, a galopar…!…” .  En  mi cerebro han debido cruzarse algunos cables, lo reconozco. Pero no crean que me siento abrumado, que no: quizás me está ayudando a ver más claro, a relativizar todo, a no olvidar la Historia, ahora que todos confeccionan la suya propia de acuerdo con sus intereses, con sus circunstancias.

Este galope de Rafaél Alberti convertido en himno magnífico por Paco Ibáñez ha sido una de las piezas más empleadas, más leídas, más recitadas y cantadas por las clases trabajadoras (el antiguo proletariado, denominación inusual hoy, devaluada, incómoda) en sus movimientos de lucha reivindicativa: Son un estímulo, un poderoso combustible ideológico, una invitación a no detenerse, a seguir adelante, a no desfallecer en la defensa de lo que tanto costó conseguir. Pero  a mí, ya digo, me viene a la mente ahora que siento me espolean para que no piense, para que no me detenga a evaluar,  para que tome decisiones rápidas y, en lo posible, sin cálculo.

Decía Novalis que cuando veamos un gigante examinemos la posición del sol no vaya a ser la sombra de un pigmeo. Nada más cierto. Y lo comprobaremos dentro de pocos días cuando los pigmeos cambien de posición y los veamos en su auténtica dimensión, sin el cegador sol de las televisiones, las radios, las redes sociales y las encuestas cada media hora.  Cuando, desnudos de tanto ropaje publicitario, de la niebla de las promesas huecas e imposibles, tengan que enfrentarse a la dura realidad y ceder posiciones, dialogar, ser generosos y buscar acuerdos  por el bien de España (es raro decir España: ahora casi todo el mundo hurta el nombre y se refiere a ‘este país’). Media docena de hombres a lo sumo van a tener el poder de formar gobierno o llevarnos otra vez a las urnas en otoño. Veremos de que materia están hechos. Decía Abraham Lincoln que “Casi todos podemos soportar la adversidad pero si deseamos conocer de verdad el carácter de un hombre, dadle poder”. Indudablemente lo van a tener: a ver que hacen, que carácter tienen ahora.

Y lo más chocante de esta celérica carrera hacia el abismo (¡A galopar, a galopar…!) es que ni siquiera está bien establecido el terreno de juego, los límites que cada uno ocupa: De pronto todos pugnan por estar en el mismo espacio. Aunque para ello alguno confiese que ha madurado  de repente y que sus veleidades comunistas, a pesar de haberse coaligado con ellos, se debieron a su inmadurez de tres años atrás, cuando era joven (¿!) Ya se sabe: hay quien cambia de partido para defender sus principios y quien cambia de principios para defender su partido: sobre todo si las previsiones le pronostican a éste un crecimiento inusitado. Al menos, por el momento, sabemos donde está la derecha. Esperemos no se junten ahí todos con la marca de la socialdemocracia pegada en la frente.  Igual hay quienes debieran recordar lo que Sartre le dijo a Paco Umbral: “Mire usted joven, se abandona la izquierda, se recorre un tramo en el desconcierto y la oscuridad y, de pronto, se encuentra uno en la derecha”.

No se si algún programa lleva en su letra pequeña la promesa de cambiar el procedimiento para elaborar las listas de candidatos, un sistema lastrado por el interés de los partidos, su estructura piramidal y su salvaje endogamia. Ni tampoco se si revisarán, para dotarlo de lógica y ecuanimidad, el evidente  injusto reparto territorial que hace que un diputado necesite para ser elegido hasta ocho o nueve veces más sufragios en unas zonas que en otras. Pero lo que si parece evidente es que ningún líder lo ha sacado en sus mítines, en sus docenas de entrevistas, en sus cientos de apariciones en los medios.

Todos están cómodos así. A todos les interesa: a la derecha (suele ser diestra) y a la izquierda (más si es siniestra). Al resto, a nosotros, al pueblo (me encanta esta tradicional pero fiel denominación), pan y circo. Y televisión y encuestas, otra forma de inducir el voto. Y, por supuesto, intoxicarlo de humo electoral y subirlo al caballo desbocado y anestésico de la niebla partidista. Y aunque nadie sepa hacia donde nos dirigimos, jinetes del pueblo al sol y a la luna, con nuestro caballo cuatralbo, caballo de espuma,  ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!.

PACO LOPEZ VILLAREJO

Doctor en Historia. Consultor cinematográfico

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