EN TU MEMORIA, CARMELA GANCEDO

Carmela Gancedo

Ya hace un mes hoy desde que la riotinteña Carmela Gancedo nos dejara a los 87 años de edad. Otra estrella fugaz que luce en el firmamento y seguro que lo hará con fuerza, con la misma que brilló en vida, porque Carmela fue y será mucha Carmela.  

Ella, genio y figura hasta la sepultura; y no, no es sólo un dicho, genio… tela, y figura… pocas horas antes de dejarnos estaba en El Corte Inglés de trapitos, porque a Carmela le gustaba ir de compras, vestir bien, sentirse guapa, moderna, distinta y favorecida.  Y lo conseguía, ya lo creo, una mujer bandera de llamar la atención, que al primero que dejaba boquiabierto era a su marido, Jesús.

Carmela siempre despampanante con sus labios pintados hasta en la playa, con sus pamelas y pareos vistosos. Me encantaba esa actitud. Y eso era sólo en lo físico. 

La Carmela hospitalaria, alegre, risueña, que cada verano disfrutaba haciéndonos reír, cuando de momento desaparecía para volver al rato con Jesús del brazo disfrazados de lo primero que pillaban… ¡y qué bien lo hacían pardiez!

Y aunque hace unos años dejo de bajar a la playa (se sentía inestable y no es de extrañar en La Antilla, donde cuentan las tablas para no poner ni una de más…) siguió pintándose sus labios de rojo carmín para quedarse en su porche de Santa Bárbara, junto a su Jesús de su alma, el que ahora la echará tanto de menos… 

Se nos fue Carmela la tarde del 2/11/2019. Natural de Riotinto, paso parte de su vida en Burguillos del Cerro (Badajoz) a donde destinaron a su padre, un ingeniero de la mina, pero volvió a su tierra y residió en Nerva hasta que  la edad convino que estuvieran cerca de su hija Marilo en Huelva. 

Hoy su viudo: Jesús Rodríguez; sus hijos: Mariló, Alicia y Juan Antonio; sus nietos Maribel, Jesús, José Ángel, Alejandro y Blanca, y hasta sus dos bisnietos mirarán al cielo para ver como reluce su Estrella. Sus hijos políticos, el resto de sus familiares y sus amigos, también la recordaremos siempre. Yo en este instante haciéndole hablar al loro en tu balcón de Nerva, poniendo a buen recaudo mi vestido de retor moreno que la buena de Elisa (con quien ya te estarás tronchando arriba) pretendía convertir en blanco inmaculado; o acicalándote para ir con toda la panda al Club Raúl… 

Ahora contarás a los que ya están arriba, a tu hermano Antonio y los que se fueron antes que tú, los chascarrillos que ellos se han perdido con ese gracejo exagerado que ponías a tus historias cuando querías hacernos reír. 

Ahora Carmela, cuando este verano vayamos a La Antilla, al cruzar las puertas de Santa Bárbara me pasará lo mismo que desde que se fue tu hermano, se me saltará alguna lágrima de emoción y al momento me asaltarán los mil recuerdos fantásticos y las risas que allí viví siendo una mocita, con tus hijas, Alicia y Marilo cuando pretendían enseñarme a bailar sevillanas y tú cantabas de fondo por Julio Iglesias, no me extraña que no aprendiera mucho… Eso sí, las de Julito me las sé todas y tú sopa de tomate me sale de vicio.

¿Ves Carmela?, aunque te vas no te has ido…

D.E.P.

 

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