Una interventora publica una carta abierta dirigida al ministro Puente: «Hemos llegado a normalizar lo que es un riesgo para todos»

Interventor en un tren

Una interventora publica una carta abierta dirigida al ministro Puente en la que asegura: «Hemos llegado a normalizar lo que es un riesgo para todos».

En la misiva dice: «Soy interventora de Renfe y todo lo que está ocurriendo me obliga a buscar un altavoz para toda la familia ferroviaria: los que somos parte de la plantilla de Renfe y aquellos que trabajan codo con codo con nosotros, aunque su empresa sea otra».

Y continúa explicando: «Ese domingo 18 de enero que se tiñó de luto yo era la interventora del Avlo 2182. Partimos de Madrid-Puerta de Atocha-Almudena Grandes, con destino Málaga-María Zambrano, a las 18:35 horas. Treinta minutos antes, delante de nosotros, había salido el tren Alvia 2384 con destino Huelva, pero que, desgraciadamente, jamás llegaría. Descarriló en Adamuz, al impactar con el tren Iryo que había descarrilado segundos antes en ese tramo.

Fueron momentos de incertidumbre al inicio, cuando mi maquinista me comunicó que estábamos detenidos porque había ocurrido «algo» con el tren que circulaba delante de nosotros y que íbamos a quedar apartados en la estación de Conquista «sin previsión». Es fácil leer entre líneas y ese «sin previsión» hizo que entendiéramos que la situación de lo que estaba pasando delante era complicada.

Éramos un maquinista y una interventora para más de 400 personas. El tren, un Talgo Serie 112 monoplaza, estaba vendido en su totalidad, 436 plazas. Las únicas plazas que no se habían vendido eran las dos destinadas a PMR (Personas con Movilidad Reducida). Doce coches que recorrer, atestados de personas, para tranquilizar y dar información a los viajeros y una sola persona para atenderlos.

Fuimos afortunados. Yo, al menos, así lo siento. Pero ante cualquier emergencia, ¿cómo se supone que una única persona puede hacerse cargo de una evacuación, un trasbordo en vía o cualquier otra operativa que ponga en riesgo la seguridad de los viajeros? ¿Y si el tren accidentado hubiera sido el nuestro?

Cuando prestamos servicio en trenes Ave, Alvia o similares, tenemos la suerte de poder contar con la tripulación y somos tres personas como mínimo (tripulante de cafetería, tripulante de sala e interventor/SSBB), pues sólo en contadas ocasiones, con motivo de la cantidad de servicios de restauración en plaza, se refuerza con un tripulante más. Son trenes con menor capacidad de viajeros, pero, aun así, somos pocos trabajadores.

Pero es que giramos la vista hacia los Avlo, que se realizan con trenes Talgo series 112 (436 plazas+2PMR) y 106 (579 plazas+2PMR), y la ratio de viajeros por trabajador es insana e inabarcable. No hay un plan de evacuación que se pueda gestionar por una única persona cuando hablamos de ese número ingente de viajeros. Y digo una única persona porque el maquinista tiene otras funciones en esos momentos.

Es urgente que el sector ferroviario y en especial Renfe, a la que parece que el personal le sobra -hay estaciones comerciales con un flujo alto de viajeros en las que no contamos siquiera con un único compañero de servicios en tierra-, reevalúe sus planes de prevención de riesgos, pues no son trenes vacíos los que movemos.

Es necesario que el número de tripulantes a bordo de los trenes vaya en consonancia con el número de plazas y ocupación de los mismos. Que, por parte de Adif no se permita el acceso a la zona de embarque con objetos que no son equipaje y que exceden las medidas y el peso que todas las compañías tenemos limitado (televisores, tablas de windsurf, cuadros).

Que en aquellos trenes en los que no se dispone de un espacio para las bicicletas (no plegables), que son la gran mayoría en alta velocidad, no se permita su embarque, pues acaban ocupando espacios que son de paso. Y la zona de PMR (2 únicas plazas en todo el tren) no es un espacio polivalente y debe ser respetado al máximo, garantizando que está disponible para ellos.

Se deben reevaluar los espacios de cafetería y galleys de los trenes, así como la seguridad y la ergonomía de los carros con los que la tripulación da el servicio (hay caídas de cestas metálicas desde las baldas, carros que no frenan a los que se les abren las puertas, que vuelcan). Que a nadie se le pase por la cabeza que en un tren de alta velocidad y a 300 kilómetros por hora puede haber personas que viajen de pie.

Llevamos informando a la empresa del estado de las vías largo tiempo, compartiendo vídeos de las vibraciones, pidiendo soluciones sin que se haga nada o muy poco. Hemos llegado a normalizar lo que es un riesgo para todos y todas, porque, si no, no seríamos capaces de subir al tren. Estos últimos años, la coletilla en muchas conversaciones ha sido «hasta que un día pase algo». Y ese día, por desgracia, llegó el pasado 18 de enero.

Levantemos el pie del acelerador y reduzcamos las circulaciones de los trenes hasta que la infraestructura esté preparada para asumirlas. No sólo hablamos de las vías, sino también de las estaciones.

España está de luto y los trabajadores del sector ferroviario seguiremos subiéndonos a los trenes con un nudo en la garganta, con el corazón encogido y la lágrima contenida, porque si algo hemos demostrado siempre es que tenemos vocación de servicio. Sólo espero que nuestra clase política esté a la altura».

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