Vivire est cogitare: La resaca

PACO LOPEZ VILLAREJO

Francisco López Villarejo.

Que un partido -o confluencia de partidos- como Podemos, tan nutrido de politólogos, analistas sociopolíticos y expertos en comunicación haya encajado tan mal el hundimiento de sus expectativas, es preocupante.  Pero más que en las redes se haya convertido en viral la hipótesis de pucherazo electoral. Parece la típica pataleta del mimado al negarle el juguete con el que soñaba. El mismo Monedero ha dicho que el problema de Podemos es que se ha creído las encuestas y más cuando las encuestas le decían lo que quería escuchar. Si Podemos asumiera la probabilidad del fraude electoral, se descalificaría y daría muestras de inmadurez y  falta de correa política. No estamos en el XIX, cuando el voto, censitario, era manejado a capricho impunemente. Y es imposible repetir los suicidas errores de ese siglo, ni política, ni tecnológica ni culturalmente. O se tienen pruebas y datos fehacientes o se corta de raíz este rumor. Si no es así, estaremos ante algo más que inmadurez de quienes lo han provocado.

Inmadurez de la que ya dio buena muestra por cierto el señor Iglesias con sus vertiginosos cambios ideológicos que lo situaron en poco tiempo, desde el duro espacio del socialismo populista hasta las verdes praderas de la socialdemocracia: Un genuino salto sin red en el más puro estilo marxista, de don Groucho, claro:  “Estos son mis principios, si no les gustan, tengo otros”.  En el seno de esta organización, muchas voces critican una campaña errática, blanda y de corazoncitos: los electores-caperucitas le vieron al lobo las patas por debajo de la puerta a pesar de melifluas sonrisas y besitos por la calle. Y eso es todo. En las próximas elecciones veremos si se consolida o se fragmenta. Que les podría ir bien si corrigen los fallos de sal gruesa cometidos, se despegan de algún que otro peso muerto  (‘las malas hierbas’, que dice Echenique) y reflexionan en fórmulas y estrategias menos postizas. Y ya puestos, igual que en Podemos se preguntan si el pacto con IU ha sido positivo, que se pregunten en IU si conseguir unos cuantos diputados con calzador merecía el precio que se pagó y el que se va a seguir pagando: Solo se ha abonado la entrada, ahora vienen los plazos. Y los acreedores los van a cobrar con intereses. Seguro.

Respecto al PSOE, su líder es el ejemplo de un empecinado suicida que, ciego e impasible camina hacia el precipicio: ha perdido el GPS y los que intentan que lo recupere desde su propia organización, claman en el desierto. Este polémico y cuestionado secretario general cada vez da más la impresión de ser un verso suelto, un alien que se retroalimenta de su propia ambición olvidando que es el máximo dirigente de un partido que debe dar testimonio de sensatez y de sentido de Estado. Con su inflexible y rígida actitud está consolidando a la alternativa de izquierdas que le pisa los talones. Una competencia que, además, no cree en los partidos clásicos y que apuesta por mayorías más fluidas y dúctiles, por soluciones económicas, políticas y sociales más controladas y dirigidas desde un poder hermético y tutelar. Alguien debería hacer ver al Sr. Sánchez que está haciéndole el juego a sus competidores y que sacrificar al PSOE no le va a resultar gratis: la Historia y España le pedirán cuentas.

Y, no obstante, me temo se empeñe en gobernar -o en no facilitar el gobierno del ganador- aunque el viento no solo esté en contra sino que le desarbola la nave como estamos viendo. Sería terrible que intentara repetir el juego que ha mantenido tras las elecciones de diciembre pasado. Con sus dos últimos récords a la baja, de noventa a ochenta y cinco escaños -y puede que no haya tocado suelo- sigue cavando una fosa para el PSOE que nadie desea. Su tozudo posicionamiento –Malgré moi, malgré lui, malgré tout– negándose a lo evidente para desarrollar una oposición que lo convierta en verdadero líder de la izquierda, evidencia su incapacidad para ese destino. Eso sí, su claque particular, los candidatos electos y otros cercanos consejeros empecinados (Luena, Herrera, etc.), siguen aplaudiéndole. Quizás no se percatan que así facilitan que la derecha siga creciendo, además de darle el protagonismo de la oposición a los mismos que lo están fagocitando. Casi increíble tanta torpeza si no es producto de una meditada estrategia que se nos escapa.

Desde el tan cacareado e inexistente centro, Ciudadanos -una civilizada derecha en realidad- ha sufrido los efectos de su inestabilidad y vaivenes: del subidón casi inesperado  en el pasado diciembre (la curva del soufflé logró su cenit con cuarenta diputados y  colocó al Sr. Rivera en una posición de protagonismo que no supo rentabilizar) a desinflarse con la pérdida de ocho escaños, un veinte por ciento menos de representación parlamentaria. Su insólito acercamiento a Sánchez entonces, quizás siguiendo la máxima de Sun Tzu: “Mantén cerca a tus amigos pero aún más cerca a tus enemigos”, devino en un fiasco casi de mesa con tapete verde en la que el póker descubierto se estuvo jugando todo el tiempo de farol. Un ambicioso impenitente, el Sr. Sánchez,  y un inexperto aprendiz de tahúr, el Sr. Rivera, repartían naipes. La mesa se disolvió sin que pudiera comprobarse si había algún As dispuesto o todo había sido una cortina de humo para repetir el ‘juego’ de las elecciones.

Ahora, Ciudadanos intentará reconducir sus alianzas y su discurso y volver a su espacio natural a pesar de haberse despegado tanto de él. En todo caso, se sabe casi imprescindible para el partido popular y eso quizás le ayude a elevar el precio de su colaboración, sea por activa o por pasiva. Ojalá no se equivoque de nuevo. Creo que todos ganaremos. Le vendría bien no olvidar el famoso dicho popular que tan bien se saben cazadores y campesinos y que Rivera olvidó: “Corre más un galgo que un mastín, pero si el camino es largo corre más el mastín que el galgo”. Y Rivera, obviamente se creyó galgo.

Por último, un vistazo al panorama del PP, dirigido por el mastín de dura piel y retorcido colmillo que es el señor Rajoy. Probablemente el líder más antilíder que ha desfilado por la pasarela política de España en los últimos años, si obviamos a Calvo Sotelo. Pesado y lento, quizás su mérito sea  el haber desarrollado un correoso comportamiento al que parece no han hecho mella los muy numerosos casos de corrupción que ha tenido que encajar. Me recuerda a un paciente y redomado sparring que recibe golpes, a veces duros, y no se inmuta. Pues bien, éste don Tancredo político, al final, ha tenido mucha suerte. Ha capitalizado, muy probablemente sin proponérselo, tres corrientes de reacción de los electores (y ahí está la respuesta a los defensores del pucherazo): la del miedo (¡Que viene Podemos!), la del voto útil (¡No dispersemos con Rivera, seamos prácticos y votemos al PP!) y la del desencanto y el cansancio, ambos agrupados en la abstención, superior a la de la última convocatorias.  Todo lo cual le ha proporcionado un crecimiento inusitado e impredecible que lo sitúa 52 escaños por delante de la segunda fuerza política, el PSOE. Por tanto, en esta ocasión, Rajoy no  podrá escurrir el bulto y no tendrá más remedio que intentar formar gobierno aunque sea en minoría. Ya se verá con qué apoyos activos o pasivos y en que votación de la investidura se produce, previsiblemente en la segunda.

Porque esta vez, ya digo,  no creo siga un comportamiento tan insólito como tras las elecciones de diciembre en que se negó a intentar dar cumplimiento al encargo del rey de formar gobierno y se quedó tan pancho. Y a continuación no hizo lo que en cualquier país medianamente civilizado y democrático hubiera hecho un líder que hubiera actuado como él: dimitir. Se quedó. Siguió a rajatabla el famoso lema que popularizó Camilo José Cela en su discurso de recepción del premio Principe de Asturias en 1987: “En España, el que resiste, gana”. Y ahí lo tenemos. Contra viento y marea. Y lo vamos a seguir teniendo a menos que las cartas vengan tan malas que los jugadores vuelvan a levantarse de la mesa sin materializar ninguna apuesta. Lo que causaría un enorme daño a España y, en las terceras elecciones, en diciembre, se podrían obtener unos resultados en consecuencia con tal majadería e irresponsabilidad.

PACO LOPEZ VILLAREJO

Doctor en Historia. Consultor cinematográfico

 

 

 

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