
Este año, por aquello de que es necesario tener un Gobierno, y que en funciones va para los ocho meses, tras el ‘puente’ de agosto comienza lo bueno. No hay por qué hacer correr por las redes sociales imágenes de dirigentes políticos tomando unos días de vacaciones pues también tienen derecho a ello. A partir del martes, hay trabajo para rato, porque investir a un presidente de Gobierno, con el reparto de escaños que la soberanía popular ha configurado, no será tarea nada fácil.
Ya lo hemos escrito y reiterado en varias ocasiones. El voto de la ‘bancada’ socialista sigue siendo decisivo. Además, la presentación por el portavoz de este Grupo en el registro de la propuesta de constitución de un comisión que investigue la supuesta financiación ilegal del PP sólo viene a recordar a Rajoy y Rivera que se cuentan con votos en el lado de la izquierda, nacionalistas y secesionistas para ‘gobernar’ desde el Parlamento por muchos acuerdos que quieran cerrar Populares y Ciudadanos, siempre y cuando Podemos y sus confluencias le sigan el juego.
Mencionadas las confluencias ha quedado demostrado, tras las negociaciones y entrega a última hora de los de Pablo Iglesias, de lo poco que puede ser Podemos si se le descuelgan otras formaciones como en estos días han estado a punto de hacer Las Mareas gallegas. En esta Comunidad, como en el País Vasco, se va a poder observar hasta qué punto hay una profunda crisis de asentamiento en determinados territorios del socialismo de Pedro Sánchez, algo que debiera preocupar mucho más a las dos formaciones que han venido conformando el bipartidismo en la transición porque a partir de su retroceso en determinadas autonomías es cuando ha comenzado a quebrarse el sistema. Principalmente el hundimiento del Partido Socialista Catalán.
La clase política tiene un ojo en lo que pueda suceder en Madrid pero también en el rebote que pueda producir en Galicia y el País Vasco, donde en ambas ya funciona el calendario electoral cerrado para la consulta de finales de septiembre. Por eso caben todas las hipótesis posible para la investidura. PP y Ciudadanos no suman por más que se empeñen en negociar o acordar cuestiones que van a depende luego de las mayorías en el Congreso. Como la reforma electoral, creación de comisiones de investigación, ley de aforamientos, limitación de mandatos…y cuanto quieran estampar el cualquier documento. Todavía está en el recuerdo la escena, cargada de tanta solemnidad como teatralidad, de Pedro Sánchez y Albert Rivera firmando en el Congreso de los Diputados el acuerdo para la sesión de investidura, cuando ambos sabían, como pasa ahora, que se requieren los votos de otras formaciones. Es todo un laberinto político que va a devolver a la vida en pleno mes de agosto, algo inusual, la vida parlamentaria, aunque los ciudadanos ni hayan expresado, según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, mucha preocupación por la clase política y parece que se sientan cómodos con de un Gobierno en funciones sino fuera porque ahora, al contrario de lo que pasaba en diciembre, no hay presupuestos aprobados y eso, cuando se explique, sí puede repercutir en el bolsillo de muchos españoles.


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