Que complicado es esto de la música, máxime, cuando se funde con el humor; dos estructuras artísticas complicadas que el pasado sábado pudimos ver representadas en el grupo onubense, ‘Ni Chicha Ni limoná’, quienes ofrecieron uno de los mejores espectáculos que he vivido en los últimos tiempos. Arropados por grandes profesionales, como Jesús Roa Bravo, Manuel García Escobar, Lito Mánez, y Jesús Gallego, supieron meterse al público en el bolsillo desde primer instante en el que se abrieron las bambalinas del Gran Teatro de Huelva, creando esa simbiosis necesaria que te hace ser parte del propio espectáculo. Pocas veces una banda compuesta por batería, bajo, guitarra y teclado, han llenado tanto un evento de esta índole.
Este grupo, comandado por el artista de Huelva, Fali Ramos, ha sido capaz de crear un estilo tan particular, que se me hace complicado enmarcarlo en los estilos conocidos. Ellos lo definen como «Trochopop desordenao», un concepto controvertido que materializan a través de historias llevadas a lo absurdo, sin perder la elegancia y con esa autenticidad onubense que desbordan en más de algún tema, presumiendo de ese carácter muy nuestro, que los hacen tan especiales.
Con guiños a profesionales del arte del humor y la música, saben transmitir con facilidad y se engrandecen en el escenario logrando divertir al espectador, con esa naturalidad envidiable que sólo los grandes suelen poseer. Un grupo con garantías y una enorme proyección artística que nadie debería perderse, sobre todo, si quieren desternillarse de risa.
Fueron dos horas de humor desorbitado con Juan José Medina, enrique García, Guigue Contreras y el propio Fali Ramos marcando el ritmo, regalando constantes parodias e historias inauditas y tan inverosímiles que, literalmente, arrancaban las risas a los presentes, que casi llenaron las butacas de nuestro coliseo cultural en su totalidad.
Estos onubenses se atrevieron con todo: reggae, rumbas, sevillanas, swing, pop, rancheras, tango, etc. Nada se les resistió en el transcurso de su repertorio y con una calidad y juego de voces, acorde a lo esperado. Sorprendió gratamente, que en su final, mientras el público asistente iba desalojando el teatro, se oyeran los tarareos de los distintos temas que se habían interpretado, siendo un signo muy positivo de la impronta que habían dejado durante su actuación.
Para mí, por hacer referencia, se me clavó como un bucle en mi mente, un tema basado en un sicario que pilló a su pareja con su amante, lo paradójico del estribillo; «Voy a matarte de balde, Cobarde» sigo repitiendo hasta la saciedad.
Escribe una respuesta