El obispo de Huelva insta a “contagiar solidaridad para acabar con el hambre en el Mundo”

Carta del Santiago Gómez con motivo de la Campaña de Manos Unidas 2021

Con motivo de la Campaña de Manos Unidas 2021 el obispo de Huelva ha querido enviar una carta a sus fieles en la que pide Contagiar solidaridad para acabar con el hambre.

En obispo recuerda que la Campaña contra el Hambre del Mundo, que Manos Unidas viene llevando a cabo desde hace sesenta y dos años con esta edición, pretende sensibilizarnos sobre esta problemática, el hambre. “Este año podríamos tener la idea equivocada de que bastante tenemos nosotros con la COVID 19 como para pensar en este tan acuciante drama, pero hemos de desechar ese pensamiento, porque, ahora, más que nunca, es necesario que contagiemos solidaridad para acabar con el hambre. El drama nuestro no puede hacernos insolidarios y no pensar (y actuar) frente al drama del hambre en el mundo”, expone el obipo Santiago Gómez.

1.- Solidaridad: colaborar para construir un mundo mejor.

“Si el amor de Cristo nos urge (cfr. II Cor 5, 14), tenemos que pensar que la pandemia puede y, de hecho lo está haciendo, endurecer aún más las condiciones de los hambrientos. Una primera postura será tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, o dicho con otras palabras, com-padecer con los hermanos que, sin rostro y sin nombres para nosotros, padecen hambre y con más fuerza en aquellos países que menos cuentan en el concierto internacional”, indica.

Para los seguidores de Cristo nada de esto puede ser indiferente, como nos recuerda el Papa Francisco: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común” (Laudato Sí, 13). Para el obispo “esa capacidad de colaboración se ha de resolver primero en un sentimiento de solidaridad. Indudablemente ese sentimiento lo puede potenciar en nuestros corazones el Señor, que cambia el corazón más duro”.

2. Solidaridad: actuar.

Pero la solidaridad no puede quedar en un sentimiento estéril, dice Santiago Gómez en su carta. “Manos Unidas nos enseña que la solidaridad tiene un nombre: actuar. Concretamente, la Delegación Diocesana de Manos Unidas en Huelva, entre sus proyectos para hacer efectiva nuestra solidaridad mantiene el refuerzo de la asistencia sanitaria de calidad, con énfasis materno-infantil en Tanzania, en la ciudad de Mbinga: compra de equipamientos médicos y mobiliarios de las instalaciones de la Congregación de Hermanas de San Vicente de Paúl. También trabaja para el desarrollo del derecho al agua y saneamiento en catorce colegios rurales de educación primaria en la zona de Nellore (India). Y en la lucha contra la vulnerabilidad socioambiental a través del fortalecimiento productivo en cinco comunidades en el Corredor Seco de El Salvador, mejorando los rendimientos agrícolas, la cría de especies menores y el fortalecimiento de los procesos organizativos que generen mayores niveles de participación y capacidades”.

3. Solidaridad: compartir.

El Obispo señala que ahora es el momento de compartir, incluso cuando estamos acuciados por mil necesidades, “porque, como hemos dicho, la pandemia traerá más hambre a los que ya la tienen. Los débiles serán más débiles. Y no lo podemos permitir en la medida de nuestras posibilidades. Bien sabemos que la solución a un problema tan complejo como es el del Hambre en el Mundo, no será total, pero nosotros estamos llamados a poner nuestro granito de arena, a trabajar, como hace Manos Unidas, para tener conciencia de que la Humanidad debe ser una familia, que ve amenazada su unidad por estructuras injustas y por sus prácticas destructivas”.  Para Santiago Gómez, “compartir es dar parte del corazón, más allá de las cantidades económicas que nuestra generosidad y nuestros deseos de justicia nos impulsen a ofrecer. Compartir es ayudar al hermano hambriento, que no tiene rostro ni nombre, a restaurar su dignidad. Es entregarles parte de lo que les corresponde en esta herencia de fraternidad que Dios nos ha dado para cuidar del otro. Contagiemos solidaridad para acabar con el Hambre”.

 

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