
Este cribado tiene el objetivo de prevenir y detectar precozmente el cáncer de cuello de útero ya que, ha explicado Antonio Sanz, «el seguimiento y detección de estas lesiones permite disminuir significativamente la incidencia de cáncer de cuello de útero hasta en un 90%». Además, ha subrayado, «en caso de detección de cáncer, el diagnóstico precoz aumenta las posibilidades de tratamiento y curación«.
Las pruebas de cribado se realizan de acuerdo con las recomendaciones del Sistema Nacional de Salud. Entre los 25 y 34 años, la prueba consiste en una citología vertical cada tres años si los resultados previos son normales. A partir de los 35 años, el principal estudio es el del Virus del Papiloma Humano y si el resultado es positivo se procede a la citología. En este sentido, se ha iniciado el cribado poblacional por las mujeres en los tramos de edad de 25 a 29 años y de 60 a 65 años, incorporando progresivamente el resto de tramos de forma progresiva.
Como ha destacado Antonio Sanz, «queremos continuar aumentando la cobertura y queremos que cada vez más mujeres acepten la invitación», de ahí la necesidad de llevar a cabo campañas periódicas de concienciación. Además, tal y como ha recordado, a finales del pasado año se puso en marcha un Plan de Acción para los cribados de cáncer, que ha supuesto una inversión de 101 millones y la contratación de 705 profesionales para reforzar todos los programas de cribados poblaciones de cáncer. En este sentido, el consejero ha asegurado que «que ya se ha contratado a 486 de estos profesionales, es decir el 70%».


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