Seda pintada a mano, la alternativa a los accesorios tradicionales, para ir a la Feria de Abril

Margaret de Arcos, la firma con 30 años de historia que ha restaurado un histórico local sevillano para potenciar la artesanía en la ciudad

Camila Puya con uno de sus diseños
A tan solo un mes de que comience la Feria de Abril de Sevilla, son muchas las locales y las foráneas que se plantean qué look llevarán en la esperada fiesta popular. Las opciones son numerosas, pero el círculo se cierra algo más cuando toca perfilar un estilismo que tenga toques originales. Ya sea con o sin traje de flamenca los accesorios son piezas fundamentales y más allá de la flor o el tradicional montoncillo, existen otros complementos a considerar, tan vistosos como versátiles, que nada tienen que envidiar a las opciones más clásicas. En el corazón de la capital andaluza (entre las calles Chicarreros y Álvarez Quintero) se ubica Margaret de Arcos, una firma local con 30 años de recorrido a sus espaldas y con alcance internacional. Su trabajo artesanal se centra en la seda pintada a mano y es precisamente este material el que puede completar looks de todo tipo para las próximas ferias, romerías y eventos en general. Hablamos con Camila Puya de Arcos, segunda generación de esta premiada casa centrada en su trabajo manual, para conocer los detalles de un oficio que parte de cero en la marca (que se desarrolla desde la seda en blanco, en su taller de la calle Goles) y que ha fascinado a clientes de medio mundo.

¿Qué piezas de Margaret de Arcos son aptas para la Feria de Abril y otras ferias andaluzas?

«Los abanicos y los mantoncillos de seda son probablemente nuestras piezas más emblemáticas para la Feria. También los pañuelos, foulards y pendientes  funcionan muy bien porque aportan color y personalidad al traje o al look de invitada.

Además, tenemos también colección de caballero, con pañuelo de bolsillo y abanico, que da un toque muy especial de color y elegancia al hombre. La ventaja de la seda pintada a mano es que cada pieza es única, por lo que se convierte en un complemento muy especial».

Vuestra labor es única, con la seda pintada a mano en todas vuestras creaciones, ¿cómo podrías describir vuestro proceso de creación?

«Todo comienza con la seda natural en blanco. Primero, se tensa la seda sobre bastidor y se pasa el diseño a lápiz. Después el dibujo se delimita con gutta para crear las líneas que hacen que los colores no se mezclen entre sí. Después se aplica el color a pincel, creando nuestras propias tonalidades, y trabajando los degradados para crear el volumen.

Una vez pintada, la seda pasa por un proceso de fijación del color con vapor y posteriormente se lava, se plancha y se confecciona. Es un proceso largo, pero también muy hermoso, porque permite ver cómo una pieza va transformándose poco a poco en una obra terminada».


El mundo de la seda pintada a mano, ¿qué dificultades presenta que le dan valor al producto?

«La seda es un material maravilloso, pero también extremadamente exigente. Es un tejido vivo y nuestro proceso artesanal es bastante largo, por lo que tienes que estar muy pendiente de que en cada paso no haya ningún fallo ni error. Cuando pintas sobre seda, el color no se queda exactamente donde lo colocas: se expande, se mueve y reacciona al tejido, por lo que necesitas conocer muy bien el material y anticipar su comportamiento.

Además, utilizamos una técnica que requiere delimitar el dibujo con gutta, una resina que impide que los colores se mezclen. Ese proceso exige una precisión enorme y mucha maestría. Cualquier pequeño error puede hacer que la pieza no sea válida y tenga que descartarse.

Por eso cada pieza requiere tiempo, concentración y mucha experiencia. Esa dificultad técnica es precisamente lo que da valor a la pieza final».


¿En qué te inspiras para crear cada una de tus piezas?

«Para mí la inspiración nace del uso del color y de conocer muy bien el tejido que trabajo. Aunque un tema te inspire o te llame la atención, me parece fundamental tener el conocimiento de qué producto va a ser finalmente, no es lo mismo diseñar una lámpara que un abanico. Siempre comienzo una pieza o una colección pensando en la combinación de colores que quiero que predomine, como punto para desarrollar el concepto, la temática etcétera.

Crecí en un entorno muy vinculado al arte. Mi padre es pintor y desde muy pequeña tuve una relación muy natural con la pintura y con los colores. Muchas colecciones nacen de recuerdos, viajes o referencias culturales. Por ejemplo, una de nuestras colecciones está inspirada en antiguas etiquetas de viaje de los años cincuenta que encontré entre los recuerdos de mi abuela».


¿Cuál crees que es el valor diferencial de la firma?

«El valor diferencial de Margaret de Arcos está en que cada pieza nace literalmente desde cero, partiendo de un lienzo de seda natural en blanco que se pinta a mano en nuestro taller. No trabajamos con estampaciones ni con procesos industriales: cada pincelada es única y eso hace que cada pieza sea irrepetible. Pero,  hay algo todavía más importante: nuestra forma de entender la artesanía. Para mí la artesanía no es solo una técnica; es una manera de crear y de relacionarse con el material. Implica tiempo, conocimiento profundo y una conexión muy directa entre la mano del artesano y la pieza final.

En nuestro caso, esa relación con la seda tiene además un vínculo muy especial con la ciudad en la que trabajamos: Sevilla. Durante siglos, Sevilla fue uno de los grandes centros europeos de producción y comercio de seda. Existían gremios de sederos, talleres artesanos y mercados especializados desde donde los tejidos viajaban a toda España y a América. Incluso algunos de los grandes edificios históricos de la ciudad se financiaron en parte gracias a este comercio.

Trabajar hoy con ese mismo material en el corazón de Sevilla tiene algo muy emocionante. De alguna manera siento que estamos retomando un hilo histórico que forma parte de la identidad de la ciudad y que durante mucho tiempo quedó olvidado.


Además, en nuestro caso esa relación con la seda también está ligada a una historia familiar. La firma nace hace casi treinta años de la mano de mi madre, Margaret de Arcos, y hoy yo continúo ese legado como segunda generación. Mi trabajo consiste en respetar ese conocimiento artesanal y, al mismo tiempo, llevarlo a nuevos territorios como la moda, la decoración o las experiencias culturales, manteniendo siempre vivo ese vínculo entre la seda, la artesanía y la historia de Sevilla».

Vuestro nuevo espacio en el centro de la ciudad, más que una tienda es un enclave cultural, un motor de inspiración y creatividad, ¿qué prioridades os habéis marcado?

«Nuestra prioridad es recuperar el valor cultural de la artesanía y del comercio de calidad en el centro histórico de Sevilla. Nuestro espacio se encuentra en un enclave que durante siglos estuvo lleno de mercerías, talleres textiles y comercios tradicionales. Con el tiempo, ese tejido artesanal desapareció y fue sustituido por un comercio mucho más homogéneo, de baja calidad y de cosas creadas fuera de nuestra ciudad.  Con este proyecto queremos recuperar ese espíritu: crear un lugar donde la artesanía se pueda ver, tocar y entender.

El espacio funciona como galería, como lugar de experiencias y también como plataforma para dar visibilidad a otros artesanos».


¿Qué es lo que os hace sentiros más orgullosos de este enclave?

«Para mí lo más emocionante es haber devuelto la vida artesanal a un lugar histórico del comercio sevillano. Nuestro espacio está en el antiguo local Velasco, un lugar muy simbólico para el comercio tradicional de la ciudad. Recuperarlo para un proyecto de artesanía contemporánea es casi una forma de cerrar un círculo histórico.

Además, tener un punto de venta, tan especial y único como el que hemos conseguido es un orgullo y un trabajo de muchos años, ver nuestras piezas donde merecen ser contadas, explicadas y vendidas».

 

 

 

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