
Cáritas Diocesana de Huelva ha presentado su Memoria General 2025, un documento que dibuja una radiografía social preocupante en la provincia. La entidad acompañó a 8.700 personas de forma directa, una cifra que se eleva hasta los 16.000 beneficiarios al incluir a sus familias, invirtiendo para ello casi dos millones y medio de euros. El informe concluye que la dificultad de acceso a la vivienda se ha consolidado como el principal factor de exclusión social en Huelva.
El encarecimiento general de la vida, especialmente en alquiler, suministros y alimentación, ha agravado la situación de muchas familias. El acceso a una vivienda digna se ha convertido en una barrera casi insalvable debido a la escasez de oferta, los elevados precios y los requisitos exigidos. Esta realidad provoca un aumento de viviendas precarias y los procesos de pérdida de hogar.
La directora de Cáritas Huelva, María Macías, ha señalado que el problema se ha cronificado. Según explica, los principales detonantes son “el tema del incremento en los precios de la vivienda, que está siendo muy importante, y la falta de empleo estable”. Esta combinación deja a muchas personas en una situación de desamparo.
El perfil más común entre las personas atendidas es el de familias sustentadas por mujeres con menores a su cargo e ingresos insuficientes. A ellas se suman las personas en situación administrativa irregular, que carecen de recursos y se enfrentan a un muro burocrático. Macías subraya que estas personas llegan a Cáritas después de que las administraciones no puedan atenderlas por falta de documentación.

Voluntarios
En 2025, un total de 608 voluntarios han hecho posible la acción de acogida, escucha y promoción, siendo el voluntariado una parte fundamental de la entidad y el alma de los proyectos y acciones que se llevan a cabo.
La falta de papeles les impide acceder a ayudas o a un contrato de alquiler. “Cuando una persona llega solo con su pasaporte de Marruecos o con su pasaporte de Guinea o con su pasaporte de Colombia, las administraciones no pueden ayudarlo. Necesitan un empadronamiento que no tienen”, lamenta Macías. Esta situación les aboca a una desesperación tal que, según la directora, “llega un momento en que les da igual” y buscan trabajar de cualquier manera.
Ante este panorama, Cáritas ha lanzado la campaña “Elige amar. Elige comunidad” para implicar a la sociedad. Sin embargo, Macías se muestra cauta sobre el nivel de solidaridad actual. “Tengo la sensación que el modelo de sociedad en el que estamos inmersos, de que vamos tan rápido, nos tiene profundamente desconectados”, afirma, y añade que a menudo se busca el interés propio sin conocer siquiera a los vecinos.
Pese a las dificultades, la labor de la entidad arroja resultados esperanzadores: el 80% de los procesos de acompañamiento terminan con éxito, con la persona integrada en la sociedad. Este trabajo es posible gracias a los 608 voluntarios y a las aportaciones de 1.880 socios, donantes y empresas, que demuestran que la comunidad sigue siendo la principal herramienta contra la exclusión.


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