La flota marisquera onubense, en vilo ante el final del acuerdo con Mauritania y el precio del gasoil

Buque de Anamar, con sede en Huelva

La renovación del acuerdo de pesca entre la Unión Europea y Mauritania, que vence el próximo mes de noviembre, mantiene en vilo a la flota marisquera con base en Huelva gestionada por Anamar, la única flota española de esta modalidad que faena en aguas mauritanas.

A la incertidumbre por el retraso en las negociaciones —Nuakchot exige más contrapartida económica a Bruselas a cambio de mantener abierto su caladero— se suma, para esta flota, el desgaste acumulado por las sucesivas paradas biológicas del pulpo, que en los últimos años han reducido de forma notable los días de pesca efectivos de estos barcos. Anamar tiene la esperanza de que una prórroga evite la parada mientras las dos partes acortan sus diferencias y llegan a un acuerdo, evitando saturar otros caladeros o el amarre de la flota.

Un precedente que preocupa al sector

La experiencia reciente de otras flotas comunitarias en el continente africano no invita al optimismo. Barcos españoles ya han tenido que abandonar temporalmente GuineaBisáu (2024) a la espera de que Bruselas ratificara el nuevo protocolo, y la situación se saldó con la salida definitiva de la UE de caladeros como los de Marruecos (2023), Senegal (2024), Gambia (2025) y Gabón (2026). El temor en el sector es que Mauritania —caladero histórico e insustituible para la pesca marisquera— repita ese patrón si el acuerdo no se cierra a tiempo.

Ese riesgo pesa de forma particular sobre la flota marisquera de Huelva. A diferencia de otras modalidades (arrastre, palangre, cefalopodero congelador), los marisqueros que operan bajo el paraguas de Anamar tienen escasos caladeros para reubicar su flota si las aguas mauritanas se cierran o encarecen en exceso.

El peso económico del acuerdo

El último protocolo, firmado en 2021, contempló una aportación comunitaria de 57,5 millones de euros al Estado mauritano, a los que se suman otros 3,3 millones destinados a proyectos de desarrollo local, investigación e infraestructuras. A esa factura pública se añaden los pagos que corren directamente por cuenta de los armadores: licencias, tasas portuarias y cánones por descarga que varían según la especie capturada, en el caso de los marisqueros onubenses de 450 euros por tonelada.

A estos costes fijos se suman los del transporte terrestre de las capturas hasta la Península —cada camión puede rondar los 7.000 euros por descarga— y el combustible, cuyo precio también ha aumentado sin tregua en los últimos meses. En conjunto, los gastos operativos de cada buque superan con facilidad el millón de euros anuales, una presión financiera que hace especialmente sensible a esta flota ante cualquier subida adicional de cánones o cualquier parón forzoso por falta de acuerdo, así como el aumento del combustible que a día de hoy hace inviable económicamente la pesquería.

El pulpo, un frente adicional

Mientras se dirime el futuro del protocolo con Mauritania, los armadores marisqueros de Huelva afrontan además las paradas biológicas del pulpo impuestas por las autoridades mauritanas: 4 meses y medio de veda en 2025, y ya 2 más en lo que va de 2026. «Menos jornadas de pesca que presionan aún más la rentabilidad de una flota que ya carga con el fuerte incremento del combustible y algunos de los cánones y tasas más elevados del acuerdo», señala Anamar. La suma de estos factores; incertidumbre sobre la renovación del protocolo y menos días de pesca por las vedas, sitúa a la flota marisquera nacional de Anamar ante uno de sus momentos de mayor presión, con el vencimiento de noviembre acercándose y sin fecha aún para la que debería ser la ronda de negociación definitiva.

Gasoil al alza

El encarecimiento constante e ininterrumpido del gasoil pesquero durante los últimos meses se ha convertido en el mayor lastre para las operaciones de la flota. Para barcos congeladores como los de Anamar, cuyo consumo es intensivo por la distancia a los caladeros y la refrigeración en alta mar, la partida de combustible representa ya el principal coste operativo, superando en muchos casos el límite de rentabilidad. Esta escalada imparable «compromete seriamente la viabilidad económica de las empresas armadoras, haciendo inasumible salir a faenar y amenazando con abocar al amarre definitivo a una flota que no puede repercutir estos sobrecostes en el precio final del marisco».

Anamar es la Asociación Nacional de Armadores de Buques Congeladores de Pesca de Marisco. Con sede en Huelva, agrupa en la actualidad a 49 buques congeladores, tanto de pabellón nacional como de buques pertenecientes a sociedades mixtas en terceros países, fundamentalmente dedicados a la pesca de crustáceos en los caladeros de Angola, Marruecos, Mauritania, Guinea Bissau y Senegal.

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