
Bastó que la ligereza a la que ya nos tiene acostumbrado Pablo Iglesias dejara al descubierto la ‘Operación Compromis’ y sus conversaciones en las últimas semanas con Pedro Sánchez, para que en cuestión de hora y media, Mariano Rajoy (que tenía libertad de movimientos por la Ejecutiva de su partido) se decidiera, aceptando las reglas de juego de Albert Rivera, por echar las cartas de la investidura a todos los participantes que pueden conformar mayorías y marcara, además, como fecha de unas posibles futuras terceras elecciones la que menos quisieran sus oponentes: el 25 de diciembre, Día de Navidad.
Quienes más conocen a Mariano Rajoy dicen de él que suele improvisar mucho en la toma de grandes decisiones. Y en ésta. sin duda. a sorprendidos a propios y extraños porque para saber si juega de ‘farol’ o no habrá que esperar qué ocurre en los dos meses que median entre el comienzo de la sesión de investidura y la convocatoria de unas terceras elecciones en poco más, días, de un año. Ir a la sesión de investidura tenía que aceptarlo porque era el encargo que el Rey le había hecho. Como sabe a ciencia cierta que, si el PSOE se mantiene en su postura de votar en contra en las dos primeras votaciones, pues le hubiera gustado -y así lo manifestó el mismo miércoles- haber cerrado con Pedro Sánchez la fecha de esas posibles terceras elecciones para evitar, como pedíamos en el anterior análisis, que coincidieran con las fiestas navideñas. Pero es que el secretario general actual de los socialistas hasta el próximo congreso -que ha sido retrasado hasta que haya Gobierno, factor éste clave en todos los pasos que da Pedro Sánchez- no ha querido ni ponerse a teléfono a las llamadas del presidente en funciones, todo se ha tenido que intentar vía jefe de gabinetes de uno y otro. Y además con amenazas de imponer una fecha mediante una manifestación del propio Congreso si este viernes no se hubieran dados los pasos formales para fijar la sesión de investidura, propuesta que aunque carecería de legitimidad constitucional, porque la competencia deja en manos de quien ocupe la Presidencia del Congreso de los Diputados esa potestad, de salir adelante con la suma de todos los que se oponen al PP sí haría un daño institucional importante a nuestra democracia.
Los seis puntos básicos pedidos por Ciudadanos para sentarse a negociar el apoyo desde la primera votación van a ser rubricados sin la solemnidad de la anteriores negociaciones cuando la investidura de Pedro Sánchez. Serán los portavoces parlamentarios los que estampen su firma en el acuerdo, que al depender todos de mayorías parlamentarias, algunas reforzadas como la reforma de la ley electoral, quedará en una mera declaración de intenciones. Que serán vendidas por Albert Rivera, como ya ha venido haciendo, como el resultante de la utilidad de los votos recibidos por los más de tres millones de ciudadanos que le respaldan. Ahora sí empieza este partido ha encontrar su espacio en el arco parlamentario, siempre y cuando se mantenga una constante labor didáctica y logren llegar con el mensaje, porque es preferible que ellos sean el soporte de futuras formaciones de Gobierno que no partidos populistas y secesionistas.
El problema es que por el resultado de las últimas elecciones, al perder ocho diputados Ciudadanos, con los 32 que quedan no llegan a la mayoría absoluta sumando los 137 de los populares. Al acuerdo que lleguen en estos días de negociación para armar un programa de investidura, que es un programa, al final de Gobierno hay que incorporar más escaños. Con Coalición Canaria ya se ha estado hablando pero si aceptan sumarían tan sólo uno más. Serían 170, a seis de la mayoría absoluta. Es muy complicado que cuando ya están de por medio las elecciones gallegas y vascas del 25 de septiembre, el PNV quiera arriesgar nada. Los socialistas tampoco aunque la presión será importante pero Pedro Sánchez y su equipo también tienen como justificación estas mismas citas con las urnas.
Mariano Rajoy, a tenor de lo que la ‘ligereza’ de Iglesias destapó, ha buscado la fecha para la sesión de investidura que mejor le convenía. Antes del inicio de la campaña electoral de estas dos autonómicas, a sabiendas de que mientras dure la misma pocos movimientos de la ‘Operación Compromis’ se puede dar más entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que tienen que competir también para conocer la fortaleza de uno y de otro en Galicia y País Vasco. Todo quedaría, pues, a expensas de lo que ocurra el 25 de septiembre. Las cartas con las que juega Mariano Rajoy, buenas o malas, sólo las conoce él, pero no hay duda de que ahora coloca a Pedro Sánchez entre el todo o el nada. Eso sí, quien los españoles consideren que es el responsable de hacerles votar el día de Navidad, a buen seguro, que lo va a pasar mal.


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