
Por la forma de actuar Pedro Sánchez, y que hemos ido poniendo de relieve en estos análisis de huelvared.com, durante toda la jornada del sábado desplegó en el Comité Federal el mismo juego sucio al que ya nos tenía acostumbrado. Lo hizo la noche del viernes, al establecer como centro del debate que se iba a celebrar un supuesto apoyo a la investidura del Rajoy o su opción primarias el día 23 de octubre pero cerrando el censo de militantes con derecho a voto mientras se debatía su propuesta en el Federal. Y lo culminó con un intento de votación ‘chusquera’ después de muchas horas de discusión sobre las distintas interpretaciones de lo que dicen los estatutos del partido cuando presenta la dimisión la mayoría más uno de los miembros de la Ejecutiva, como ocurrió con la suya en esta semana tras haber acordado tan sólo con los miembros de la Permanente sacar adelante la elección en primarias del secretario general y un congreso en diciembre. Todo a prisa y corriendo improvisando, que ha sido su ‘modus operandi’ durante el tiempo que ha permanecido al frente de la secretaría general socialista.
Es verdad que existe una crisis, que el partido estaba dividido por su propia gestión. Pero no es menos cierto que escenas de discusión idénticas se han vivido y se viven en otras formaciones políticas, salvo que no tienen el seguimiento minuto a minuto, desde la televisión que ha descubierto que el ‘reality show’ de la política le genera ahora tanta audiencia como cuando se hace la llamada prensa del corazón o los viejos tiempos del ‘Tomate’ de Telecinco. Y a ello se une el nuevo soporte mediático y de expresión que son las redes sociales. Lo cual sobredimensiona y amplifica situaciones como las vividas ayer, que era absolutamente lógica y natural cuando se produce una interpretación enfrentada de lo que dicen unos estatutos.
Ya habíamos escrito después de las elecciones gallegas y vascas -por cierto, donde la pérdida de un escaño por el PNV a favor de EH-Bildu, le obliga a Urkullu a contar con más fuerzas para sacar las iniciativas de gobierno adelante en el Parlamento- que «Pedro Sánchez se había convertido en un problema para el PSOE». Y con su resistencia a dimitir que «ni con agua hirviendo» se iba a lograr que soltara el cargo que desde el cual tanto daño ha hecho a su partido. Por lo tanto, lo ocurrido este sábado formaba parte del guión. O se mantenían posiciones firmes hasta conducirlo a una votación que dejara constancia de la falta de apoyos que tenía en el Comité Federal o intentaría seguir manteniéndose en el cargo con todo tipo de artimañas.
Pedro Sánchez ha resultado ser un personaje político extraño. No quiso nunca hablar con Mariano Rajoy, hasta el punto de no cogerle el teléfono. Pero es que tampoco hablaba con los dirigentes regionales socialistas. Engañó a Felipe González hasta el punto de que, confiado en lo que digo tras el pésimo resultado de las elecciones del 26J, le hizo escribir un artículo en El País razonando por qué era necesario un entendimiento entre las principales fuerzas políticas. Pero es que quería formar un «gobierno alternativo» , «un gobierno del cambio» como lo menciona él, pero después de varias semanas no había hablado todavía con los máximos dirigentes de Podemos y sus confluencias, Ciudadanos o, en apariencias, con los separatistas, que seguro dejó en manos de alocado Iceta. Su personalidad, su trayectoria, sus fracasos y su forma de actuar ya estaban haciendo mucho daño al PSOE. De modo que tenía que desplazarse como fuera, aunque se tuviera que hacer de manera traumática. Amenaza con volver según el lenguaraz, atrevido e imprudente presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla.
Ahora empieza una etapa nueva en el PSOE de la mano de un sensato Javier Fernández, presidente de Asturias, al frente de la Comisión Gestora. Hay mucho que reconstruir y hacer pero el mayor obstáculo para encontrar el posicionamiento de los socialistas en el espacio político actual ya ha comenzado. España necesita un partido alternativa fuerte porque no puede quedarse en manos de formaciones ‘chantajistas’ que aprovechen su posición de bisagra. Menos aún en manos de corrientes populistas no conformadas que están sostenidas sobre la base de muchas siglas y en las que cada una aspira a lograr una cosa diferente a costa de lo que sea. De no televisarse en directo, con comentaristas muy sectarios, la jornada del PSOE no habría generado tanta preocupación por su repercusión. Pero en estas televisiones, que hacen un guión novelado para mantener fidelizada a la audiencia, igual que hacen daños o destrozan por su capacidad de impacto, también si giran y cambian de guionistas, a modo y semejanza de la caída de Pedro Sánchez, también la recuperación sociológica es más efectiva de lo que era antes. Ni el PSOE es la extinta UCD ni un partido con tanta historia, miles de cargos públicos en muchas autonomías y ayuntamientos se va a caer de la noche a la mañana como quisiera Podemos. Como bien afirmó Susana Díaz, en su discurso ante el Comité Director de Andalucía, no va a ocurrir con el PSOE lo que ha pasado con Izquierda Unida. Sanchez, el ‘Garzón’ de la operación, ya ha logrado ser apartado de la toma de decisiones. Por muchos activistas que este sábado posicionara Iglesias, ante la sede de Ferraz, para distorsionar el debate real y devaluar el prestigio de muchos dirigentes socialistas que han echado los dientes haciendo partido durante muchos años.


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