Opinión



UPA Andalucía reclama a la Junta que incluya al sector agrario en la línea de ayudas para autónomos

Upa dice que el sector primario es el gran olvidado del Gobierno andaluz como perceptor de estas ayudas

En el contexto del estado de alarma derivado de la crisis sanitaria por COVID-19, la Consejería de la Presidencia, Administración Pública e Interior de la Junta de Andalucía hizo públicas en el Boletín Oficial, una línea de subvenciones destinadas a aquellas personas trabajadoras autónomas o por cuenta propia que no han podido beneficiarse de la prestación extraordinaria por cese de actividad prevista en el Real Decreto Ley 8/2020, de 17 de marzo. También se incluyen aquellas que no desarrollen su actividad en el ámbito de los sectores calificados como esenciales. La medida extraordinaria y complementaria, puesta en marcha a nivel autonómico, contará con un importe de 50 millones de euros. Cada beneficiario percibirá una cuantía a tanto alzado de 300 euros, lo que vendría a cubrir la cuota del pago de autónomo, pudiendo ser compatible con otras ayudas que se estén percibiendo.

Según la administración autonómica, estas ayudas tienen como finalidad paliar el impacto económico negativo producido por el cese de la actividad, y tratan de beneficiar al máximo número posible de personas trabajadoras autónomas y por cuenta propia, habiéndose incluido un centenar de actividades profesionales como beneficiarias. Por ese mismo espíritu paliativo de estas subvenciones, desde La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA Andalucía), muestran su insatisfacción y profunda decepción, al comprobar que el sector primario es el gran olvidado del Gobierno andaluz como perceptor de estas ayudas. En la lista de actividades beneficiarias tan solo se han contemplado subvenciones para los cultivos no perennes (que incluye, entre otros, cereales, arroz, hortalizas, algodón, leguminosas, oleaginosas y flor cortada), y para las fábricas de quesos.

El sector agrario es el más importante en nuestra comunidad junto al turismo, estratégico económica y socialmente, que tanto beneficia al medio ambiente y vertebra nuestro mundo rural. Por ello, resulta inexplicable que se haya quedado fuera de cobertura, más aun, sabiendo que cumple con las exigencias estipuladas para tal efecto, ya que el COVID-19 le ha impactado de forma implacable, provocándole serias dificultades de liquidez ocasionadas, tanto por la disminución de la actividad y la caída de ingresos, como por el acceso al crédito.

Porque si bien es cierto que la agricultura y la ganadería son actividades esenciales que no han parado para abastecer de alimentos a la sociedad, también lo es que se están encontrando con muchas trabas. Por un lado, con las restricciones para la movilidad de trabajadores temporeros y en los desplazamientos de los trabajadores al lugar de trabajo. También, debido al cierre de fronteras, hay dificultades logísticas y de transporte de mercancías, y reducción de las exportaciones. Las empresas han de tomar medidas de prevención y seguridad con sus empleados que pueden afectar al ritmo normal de la producción, etc.

Pero, por otro lado, hay otras dificultades en los pedidos y el consumo. Por ejemplo, se da una gran disminución en la venta de varios productos frescos a nivel doméstico, por ser perecederos y no considerarse de primera necesidad -como los frutos rojos y algunas verduras y hortalizas-. Un durísimo mazazo general, pero especialmente para el sector ganadero, ha supuesto el cerrojazo total de un canal de comercialización esencial y muy voluminoso, como es el de la restauración, afectando a las explotaciones de carnes delicatessen, queserías artesanales, granjas de gallinas, etc. También la prohibición de los mercados locales de proximidad y al aire libre constituye un gran golpe para la venta de pequeñas producciones hortofrutícolas y ecológicas. La flor cortada tampoco se puede comercializar por el cierre de los establecimientos de venta. Y así, un largo etcétera de actividades agro-ganaderas que amenazan con tener que cesar su actividad definitivamente, si no logran amortiguar los efectos y pérdidas de estos meses de confinamiento.

Por desgracia, los agricultores y ganaderos están ya muy acostumbrados a apretarse el cinturón y a echar horas e inversión a su explotación, sin saber si al final le saldrán las cuentas. Pero precisamente, ahí está el hándicap, en que el sector ya viene arrastrando desde hace años importantes problemas de falta de rentabilidad, percibiendo precios en origen por debajo de los costes de producción, y soportando graves desequilibrios y abusos en la cadena alimentaria. En los últimos tiempos se han añadido otras trabas en el comercio exterior, como el veto ruso y los aranceles a la aceituna de mesa y el aceite de oliva. Justamente, todas estas dificultades son las que, en los últimos meses, antes de la declaración del estado de alarma, han mantenido a los profesionales del campo de todo el país en pie de guerra. Se realizaron movilizaciones masivas, cortando carreteras con maquinaria agrícola y, en definitiva, todo el sector se unió en la lucha por unos precios justos y mejores condiciones de mercado que les permitan mantenerse en la actividad de forma digna.

Por tanto, si el sector primario ya estaba mal, acumulando grandes pérdidas, trasladan desde UPA Andalucía que “los perjuicios para el sector agrario derivados de esta situación inusual por coronavirus, no son el único problema, se añaden a los ya existentes, asestando un golpe de gracia que puede ser definitivo para arruinar muchas explotaciones y varios sectores. El Gobierno andaluz es conocedor de todas las dificultades del sector productor agrario en Andalucía, tanto actuales como previas al COVID-19, porque se lo venimos comunicando. Por tanto, escapa a nuestro entendimiento que haya dejado al margen de estas ayudas a los sectores agrarios más afectados” concluye Miguel Cobos, secretario general de UPA Andalucía.

Por todo ello, desde la organización agraria solicitan al ejecutivo andaluz que reconsidere su posición, y reclaman que incluya en la línea de subvenciones como perceptores a los trabajadores autónomos y por cuenta propia de las actividades y sectores agrarios que se han quedado fuera, o bien que cree una línea de ayudas específica. Algunos de los sectores más castigados son el ovino y caprino de carne, caprino de leche, cerdo ibérico, frutos rojos, frutas, olivar, cítricos, vid, producción ecológica de cercanía y, en general, todos aquellos que están encontrando mayores dificultades para colocar su producto en el mercado y comercializarlo.

 

 

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