Qué tener en cuenta al comprar tu primer mantón de Manila, según una experta

"Un mantón puede sostener un estilismo o arruinarlo por completo. La diferencia casi siempre está en el color
Como invitada a bodas, en ferias, en romerías, en fiestas populares, en eventos o en galas. Son muchos los escenarios en los que el mantón de Manila puede ser el aliado perfecto para completar un look especial o un vestido de invitada. Algunas de las amantes de este accesorio cuentan con piezas de herencia familiar en su haber, pero otras se plantean qué tener en cuenta a la hora de invertir en el primer mantón, ya sea nuevo, antiguo o vintage. Para resolver las grandes dudas a la hora de comprar por primera vez estas piezas, descubrimos de la mano de la estudiosa Carmina Pairet, fundadora de la firma de mantones Vestir Arte, qué es imprescindible conocer en lo que a su color se refiere, dado que lleva décadas estudiando estas joyas históricas.

«Un mantón puede sostener un estilismo o arruinarlo por completo. La diferencia casi siempre está en el color. Es todo un arte conseguir que el mantón destaque lo justo y necesario, aportando armonía al conjunto sin apoderarse del look. Este principio es igual de válido para un mantón de invitada, de novia o para uno de flamenca o traje regional», introduce Pairet.

Vestir Arte. Foto: Historias que empiezan con un sí

Al invertir en el primer mantón de Manila, ¿qué colores son una buena opción?

«Para un primer mantón, lo más sensato es apostar por un color estructural: negro o crudo, que sea un fondo de armario y que pueda utilizarse en más ocasiones. El negro es un comodín o fondo de armario, es elegante, versátil y siempre adecuado. Es el clásico por excelencia y un color muy sufrido, ya que se ensucia menos o las manchas quedan inadvertidas. Con un mantón de fondo negro, nunca vas a quedar mal», comienza la experta.

Y agrega: «el marfil o fondo claro es luminoso, ideal para bodas y estilismos suaves; además, es uno de los más elegidos por chicas jóvenes. Para regalar a una bride-to-be, lo más acertado es un mantón blanco sobre blanco, que podrá reutilizar en distintas ocasiones».

Por último, un consejo: «un primer mantón debería poder combinarse al menos con tres vestidos distintos. Esa es una buena regla práctica antes de decidir. Después de estas dos opciones, ya habrá tiempo para el mantón emocional con un color más vibrante y que destaque más».


Foto: Studio Aline Friant Hoste

¿Cómo elegir el tono en función al vestido y la ocasión?

Como sucede con las normas de etiqueta, Carmina Pairet determina el protocolo n escrito para lucir el mantón de Manila. Este es su manual. «El color del mantón depende de la ocasión y del momento del año. Para bodas de día, comuniones o eventos primaverales, elige mantones en tonos suaves, pastel o neutros. Apuesta por marfil, beige, rosa palo, malva, turquesa o coral. Para bodas de tarde o de noche y eventos de invierno, los colores intensos aportan fuerza y magnetismo. El clásico negro profundo, incluso en versión multicolor, es también una opción acertada», concreta.

Los tejidos del look a crear también influyen en la decisión. «Conviene tener en cuenta la textura del vestido para elegir un mantón. Un tejido mate agradece un mantón con brillo y relieve; un vestido con encaje o bordado recargado pide un mantón más contenido para no competir. Juega a crea contraste también sin pasarte: si tu vestido es de un color neutro (beige, nude), un mantón rojo, esmeralda o buganvillia aportará profundidad», aconseja.

¿Cómo saber qué encaja y qué no? «La regla de los tres colores puede servir en el caso del mantón y ayudar a ordenar el conjunto. Un estilismo que siga la «regla de los tres colores» se compone de un color dominante (en el vestido), un color secundario (en el chal o mantón), que debería ocupar aproximadamente un tercio del conjunto y un color de acento (por ejemplo, en los zapatos). Todos ellos deben complementarse entre sí. Aunque debe evitarse un mantón que introduzca una gama que no aparece en ningún otro punto del conjunto o  accesorios que intentan repetir todos los tonos del bordado a la vez», comparte.


Vestir Arte. Foto: Nolita Studio

¿Existe alguna instrucción acerca de la colorimetría, en piel y cabello, para seleccionar un color u otro de mantón?

«A las personas con piel clara les suelen favorecer los colores que generen un contraste suave, como rojos, azules, verdes o morados. Las pieles medias funcionan bien con tonos que complementen su calidez, como coral, amarillo o marrón. En pieles oscuras destacan especialmente los colores intensos como amarillo, fucsia, turquesa o tonos cobre. Lo importante es elegir el tono que mejor ilumine el rostro», recomienda la especialista.

La fundadora de vestir arte apunta que también influye el color del cabello. «Es además  recomendable probar el mantón con el peinado previsto. Un recogido alto cambia por completo la percepción del color en comparación con el cabello suelto. Para rubias recomendamos blanco, azul agua, morado o rojo. Para morenas, tonos pastel, marfil o colores profundos, como verde, burdeos», matiza.


Vestir Arte. Foto: Historias que empiezan con un sí

Sabemos que defiendes el color block, ¿qué quieres decir con eso?

«El color block consiste en combinar tonos muy distintos y potentes entre sí para lograr resultados impactantes. Es una opción adecuada para quienes buscan un efecto más atrevido y contemporáneo. Puedes inspirarte en los colores tendencia del año y experimentar con combinaciones inesperadas. Rojo con fucsia, azul eléctrico con amarillo, verde lima con morado. El contraste funciona cuando ambos colores tienen intensidad similar. Si uno es vibrante y el otro apagado, el conjunto pierde tensión. El vestido actúa como primer bloque cromático; el mantón, como segundo. Es importante que cada uno conserve su identidad. Evita estampados complejos en el vestido si el mantón ya introduce un contraste potente. En color block, el tercer color debe ser mínimo. Lo más elegante suele ser optar por dorado, plateado o nude», defiende Carmina.

¿Podrías hablarnos de cómo han evolucionado los colores en el mantón de Manila, desde sus inicios hasta la actualidad?

«Sería bueno preguntarse: ¿por qué nos parecen los mantones antiguos maravillosos? No es solo por la fineza de su seda y su enrejado; es, sobre todo, por sus colores inimitables. Azafrán, ala de mosca, oliva, barquillo, aceite, añil, tabaco, carmesí… Algunos mantones llevan nombres muy sugerentes que hoy han desaparecido», apunta la experta. 

Estas denominaciones tienen una explicación evidente: «los nombres de los colores en los mantones antiguos evocaban elementos de la naturaleza o del uso cotidiano. Durante el siglo XIX no respondían a una clasificación técnica abstracta, sino a una experiencia sensorial compartida. El color se nombraba a partir de aquello que todo el mundo conocía: alimentos, especias, plantas, tejidos, materias primas o productos cotidianos. Así, ‘azafrán’, ‘aceite’, ‘barquillo’, ‘tabaco’ u ‘oliva’ no eran simples etiquetas poéticas, sino referencias visuales inmediatas. Muchos tintes procedían directamente de esas sustancias o de entornos agrícolas y coloniales asociados a ellas. El añil no era solo un tono azul, era una planta y un circuito comercial; el carmesí remitía a la cochinilla; el azafrán evocaba una especia de alto valor simbólico y económico. El nombre transmitía, por tanto, procedencia, prestigio y textura».


Vestir Arte. Foto: Historias que empiezan con un sí

Sobre esta cuestión, la fundadora de Vestir Arte agrega: «a lo largo del siglo XIX, la evolución cromática del mantón estuvo directamente ligada al tipo de colorante empleado. Todo cambió a partir de 1856 con la irrupción de los colorantes sintéticos derivados de la anilina, que ampliaron de forma radical la paleta disponible. El malva, los fucsias y los verdes más brillantes comenzaron a aparecer en bordados y fondos, otorgando al mantón una viveza inédita y alineándolo con la modernidad industrial. Ya en el primer tercio del siglo XX, la estabilización química de los tintes permitió gamas más suaves y armonizadas (rosa palo, gris perla, marfil), que acompañaron la transformación del mantón, desde lujo exótico a accesorio plenamente integrado en la moda urbana femenina».

¿Qué hay sobre los mantones monocromáticos, de un solo color y los bicolores?

«Existe la idea de que el mantón de Manila multicolor es más fácil de combinar. Sin embargo, los mantones de un solo tono o los bicolor tienen ventajas claras. Resultan más sencillos de integrar en estilismos contemporáneos minimalistas y permiten combinar sin saturar. Los mantones de un solo tono pueden llegar a ser verdaderas obras de arte: aportan peso y un aire sofisticado a la pieza. Sin embargo, al no destacar tanto el bordado, porque se integra con el fondo, algunas personas dudan en invertir en ellos», defiende Carmina.

«Existen mantones isabelinos en marfil, crema o carmesí verdaderamente maravillosos y de una sutileza especial. La ventaja de un mantón unitono es que puede llevarse a una boda, con traje regional o para flamenca indistintamente», añade. 

A la pregunta de, ¿qué es un mantón bicolor? Responde: «en sentido estricto, hablamos de una pieza cuyo fondo es de un color dominante y cuyo bordado floral o vegetal se ejecuta en una segunda gama. El fleco suele armonizar con uno de los dos tonos, normalmente con el fondo aunque también puede hacerlo con la segunda gama. Durante las décadas de 1910 y 1920 se documenta un gusto muy marcado por mantones sofisticados con flores marfil sobre fondo negro y flecos en color marfil. Esta simplificación cromática acompañó la integración del mantón en una moda femenina más urbana y refinada».

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