La electrificación del automóvil impulsa la demanda de infraestructuras especializadas para el reciclaje

Durante décadas, el reciclaje del automóvil ha sido un proceso eficiente y prácticamente invisible. Sin embargo, la llegada masiva de vehículos eléctricos plantea un reto nuevo para la infraestructura de tratamiento, ya que incorporan tecnologías y materiales muy distintos a los tradicionales.

La electrificación del parque automovilístico español avanza con rapidez. En solo cinco años, las matriculaciones de vehículos electrificados se han multiplicado por más de tres, según ANFAC, impulsadas por los objetivos climáticos europeos, los incentivos públicos y un cambio progresivo en la percepción social. Mientras el debate público se centra en la autonomía o los puntos de recarga, el tratamiento de estos vehículos al final de su vida útil empieza a tensionar la cadena industrial.

El vehículo eléctrico no es simplemente un coche con otro motor. Baterías de alta tensión, sistemas electrónicos complejos y motores con tierras raras convierten su reciclaje en un proceso mucho más exigente. Muchos Centros Autorizados de Tratamiento (CAT), diseñados para vehículos de combustión, deben ahora adaptar instalaciones, protocolos de seguridad y formación del personal.

«Estamos ante un cambio estructural del sector. El vehículo eléctrico exige una preparación técnica muy superior y una gestión mucho más cuidadosa de determinados componentes, especialmente las baterías», explica Esteban Alabajos, gerente de RO-DES.

Esteban Alabajos, director de RO-DES

La batería simboliza este nuevo escenario. Puede representar hasta el 40 % del valor del vehículo y concentra materiales estratégicos como litio, níquel o cobalto. Una manipulación incorrecta supone riesgos ambientales y de seguridad, por lo que requiere zonas específicas de almacenamiento, sistemas de aislamiento y, en muchos casos, gestores especializados.

Aunque hoy el volumen de vehículos eléctricos fuera de uso es limitado, las previsiones apuntan a un crecimiento exponencial a partir de 2030, cuando comiencen a retirarse las primeras grandes oleadas de vehículos electrificados.

España cuenta con una de las redes de CAT más amplias de Europa, obligada por normativa a reutilizar o reciclar al menos el 95 % del peso de cada vehículo. Sin embargo, no todos los centros avanzan al mismo ritmo en su adaptación tecnológica, que requiere inversiones relevantes.

«La gestión de un coche eléctrico no se improvisa: requiere conocimientos, experiencia y medios adecuados«, señala Pablo Núñez, gerente de Desguaces Pablo e Hijos y colaborador de RO-DES.

La electrificación abre también oportunidades en la reutilización de componentes y la segunda vida de las baterías, que pueden destinarse a almacenamiento energético antes de su reciclaje final. Este enfoque refuerza los principios de la economía circular y exige una mayor integración entre sectores.

«La transición eléctrica no termina cuando el coche deja de circular. Ahí empieza otro reto igual de importante: gestionarlo bien para que sus materiales vuelvan al sistema de forma responsable«, concluye Esteban Alabajos.

La forma en que hoy se prepare la infraestructura de reciclaje marcará el impacto ambiental y económico de la movilidad eléctrica mañana. Porque en la transición hacia una nueva movilidad, el final del camino también importa.

 

La transición hacia el vehículo eléctrico está desplazando el foco del debate más allá de la venta y el uso diario, hacia una cuestión clave: si el sistema está preparado para gestionar correctamente estos vehículos al final de su vida útil
 

 

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