Opinión



Ética empresarial vs cliente ético

FRANCISCO JAVIER MUÑOZ GONZÁLEZ

Francisco Javier Muñoz González.

Mucho se habla últimamente de la ética empresarial. Pero, ¿qué es exactamente?, ¿en qué consiste? Pues bien, definiciones podríamos dar muchas, al tratarse de un término relativamente ambiguo, pero para quien escribe estas líneas no es otra cosa que el conjunto de valores, normas y principios reflejados en la cultura de la empresa para alcanzar una mayor sintonía con la sociedad, con su entorno, respetando los derechos reconocidos por la misma y los valores que esta comparte.

Esos valores pueden ser la honestidad, la transparencia, el respeto a los derechos de los trabajadores, de los consumidores, la colaboración activa con la mejora de tu entorno… En resumen, en los negocios “no vale todo” y se trata de eso, de conseguir sus objetivos económicos, estratégico-comerciales de un determinado modo, no de cualquier forma ni a cualquier precio.

Ello conecta con otro tema especialmente trascendente y del que también existen ríos de tinta… La responsabilidad social empresarial (o corporativa) o, lo que es lo mismo o parecido, qué aporta esa empresa a su sociedad (social, culturalmente hablando…) para hacerla mejor con carácter independiente al propio desarrollo de su actividad comercial.

Pues bien, desde nuestra firma (www.gaudia.com.es) la apuesta por implementar en nuestra actividad una determinada ética empresarial (vinculada muy especialmente a inculcar a nuestros clientes la enorme importancia del cumplimiento normativo como algo positivo y el control de ese cumplimiento de modo efectivo) y la potenciación de nuestra RSC en el ámbito social (mediante programas de ayuda a emprendedores durante el primer año de comienzo de su actividad, estar apoyando desde hace más de diez años a proyectos de pymes en países en vías de desarrollo a través de Intermon Oxfam…) así como la potenciación de nuestra RSC también en el ámbito cultural (mediante la creación de la “Sala Gaudia Fotografía”, como exposición permanente abierta al público para la exhibición de arte fotográfico contemporáneo), son algunas de nuestras fuertes apuestas en este sentido.

Pero la otra cara de la moneda es el cliente, su forma de consumir, el modo en qué elige a los profesionales a los que va a encomendar su asunto… Y ahí me surge la pregunta… ¿sólo debe exigirse ética a la empresa y, por el contrario, no se debe exigir que el cliente sea también ético en su elección?

Es decir, ¿forma parte de la elección del cliente de un producto o servicio el cómo actúa esa empresa en el mercado? o, simplemente, ¿el mismo elige en función de lo que más le interesa a él sin importarle el comportamiento en su entorno del negocio, del despacho profesional… al que está eligiendo? Porque claro está, cumplir de modo escrupuloso con todas las normas establecidas (de ámbito laboral, fiscal, administrativo…), desechar ciertos trabajos o modos de trabajar porque no son éticamente correctos, interactuar con tu sociedad (mediante la implementación de una RSC potente de impacto local)… es económicamente más caro que no hacerlo. Y ello supone que el precio de ese producto, de ese servicio… sea posiblemente mayor que el de aquel negocio que actúa sin ética empresarial o con unos valores sociales enormemente discutibles.

Es por ello que no puede haber ética empresarial sin un cliente éticamente responsable. No cabe exigir a una parte de la moneda (en este caso la empresa) que actúe de un determinado modo, que aporte valores, recursos… a su entorno si su entorno en forma de sociedad – clientes (la otra cara de la moneda) no valora ese comportamiento como un elemento fundamental a la hora de llevar a cabo su elección.

FRANCISCO JAVIER MUÑOZ GONZALEZ

Gaudia

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