Opinión



¿Adónde vas, España?

Lorenzo Jiménez Márquez.

Lorenzo Jiménez Márquez
Economista

 

El profesor Ramón Tamames escribió en 1976 un libro titulado:” ¿Adónde vas, España?”, que leí cuando estudiaba ciencias económicas y empresariales, como se llamaba entonces la licenciatura. En dicho texto el autor se planteaba diversas cuestiones sobre el presente y sobre el futuro de España y obtuvo un notable éxito en aquella etapa de la Transición. Por cierto, un proceso este de la transición española que fue modélico y pacífico, donde se aprovecharon las leyes del régimen para desmantelarlo. Un proceso que pudo llegar a buen puerto gracias a la capacidad que tuvo la clase política de alcanzar acuerdos, pero para lograr esos acuerdos fue preciso que fuesen capaces de ceder. Durante ese período los españoles fuimos capaces de aprobar en referéndum (88,54% de votos afirmativos), por primera vez en la historia, el texto constitucional que había sido redactado por los partidos políticos con representación parlamentaria; en definitiva, se aprobó una Constitución con un amplio respaldo popular.

Este tipo de acuerdos que, como digo tuvo su punto álgido en la Constitución y en los Pactos de la Moncloa, sirvieron para enderezar una situación económica bastante complicada y comenzar el camino de la modernización y la integración en la Unión Europea -hecho que se produjo durante el primer gobierno socialista presidido por Felipe González, siendo ministro de Asuntos Exteriores Fernando Morán- lo que ha llevado a tener uno de los períodos más largos de prosperidad en España.

Sin embargo, esta situación, sustentada en el consenso, ha ido degradándose poco a poco hasta llegar al momento actual, donde empiezan a airearse temas olvidados y que han ido erosionando la vida social y el prestigio de la clase política, descendiendo hasta niveles muy bajos.

El paro, la situación sanitaria, que ha derivado en una crisis económica terrible (el PIB cae un 18,5% en el segundo trimestre del 2020, según el INE), así como el deterioro de las instituciones, con una excesiva politización, son, a mi juicio, las preocupaciones más importantes. Por ello, tendremos que comenzar a plantearnos, del mismo modo que hizo el profesor Tamames: ¿Adónde vas, España?

Desde luego, a la vista de las manifestaciones realizadas por Pablo Iglesias en la que indicaba que “cambiar la actual monarquía por una república plurinacional con derecho autodeterminación”,  suponen a mi juicio, generar ya una situación grave. No es cualquiera quien lo dice, es el actual vicepresidente del Gobierno, que prometió cumplir fielmente las obligaciones del cargo, con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado.

Sobre este asunto ya se ha manifestado un ex presidente del Gobierno como Felipe González que, en una entrevista al diario Clarín, ha indicado que sería “la semilla de la autodestrucción” del país como “Estado Nación”:  “Estoy radicalmente en contra de eso y, con lo que me quede de fuerzas en el futuro y pese a la edad que tengo, lo combatiré”.

Si a esto unimos la respuesta del ministro de Justicia a la portavoz de JxCAT durante la última sesión de control al Gobierno, donde decía “El Gobierno también está tramitando los indultos, que empezarán a verse la semana que viene”. Me parece que entre unos y otros se “cargan” la Constitución, esa que fue votada por una amplia mayoría y que fue llamada del consenso o de la concordia.

La Constitución es la Ley suprema de un pueblo y por tanto debe estar protegida contra quienes la atacan. En el Código Penal español se establecen una serie de tipos penales, como el delito de rebelión o de sedición, para todos aquellos, autoridades o no, que atenten contra la Constitución Española, entre los que cabe citar los delitos contra la Corona, los delitos relativos al ejercicio de los derechos fundamentales y libertades públicas, y delito de los ultrajes a España. Sin embargo, parece que el gobierno de Pedro Sánchez trabaja en una reforma del Código Penal para rebajar las penas de sedición, por el que condenaron a los políticos separatistas catalanes en el juicio del golpe de Estado del 1 de octubre del 2017. Un proceso impulsado en Cataluña por parte del Gobierno autonómico de forma unilateral, desobedeciendo lo establecido en la Constitución española, y que ha dado lugar a una crisis política, económica y social sin precedentes en la historia de España.

Estoy de acuerdo con Felipe González, este es el germen de la autodestrucción del país, y tendríamos que comenzar a preguntarnos quién está por la defensa de la Constitución, y   quién está por la ruptura. No se puede seguir dando concesiones a nacionalistas y, por supuesto, no me gusta que se pacte con terroristas. Por mantenerse en el poder no se puede ceder al chantaje de este tipo de grupos que ponen en peligro el régimen democrático del 78. Incluso políticos como Alfonso Guerra han expresado que es preciso incluir una cláusula en la Constitución que prohíba “tocar la unidad territorial de España”.

En el refranero español, que es muy sabio, hay uno que dice: “Dime con quién andas, y te diré quién eres”. Hace referencia a que mediante las compañías que una persona frecuente se puede conocer cómo es realmente esa persona. Yo, desde luego, prefiero estar con los que defienden la Constitución y la unidad de todos los españoles. Sin embargo, hay algunos que se cansan de pactar con aquellos que atentan una y otra vez contra la Constitución.

Parece que el Estado de Alarma que hemos vivido como consecuencia de la pandemia del coronavirus ha dado pie al gobierno para hacer lo que quiera, desde pactar con terroristas, dar más concesiones a los separatistas, nombrar a una ex ministra como Fiscal General del Estado, o cesar de sus cargos a varios mandos de la cúpula de la Guardia Civil porque a Podemos no le gusta, y todo con el beneplácito de los nacionalistas y separatistas. Y como remate, el vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, dice en el Congreso que “el PP no volverá a formar parte de un Consejo de Ministros”. Esta afirmación a mi me parece como mínimo sintomática de lo que es cada persona. En una democracia, o por lo menos así lo tenía entendido, es el pueblo con su voto quien elige a sus gobernantes, por tanto son los ciudadanos los que tendrán que decir si el PP volverá a gobernar o no, pero nunca el vicepresidente del gobierno.

Es preciso recuperar el prestigio perdido, porque por encima de ideologías, hay que ser conscientes de que esta crisis es muy grave y que nos encontramos con la clase política con menos nivel de los últimos tiempos, que mira más por los intereses particulares que por los generales, donde los partidos políticos parecen agencias de colocación. Esto se une el hecho de tener un gobierno mastodóntico y fragmentado, capaz de pactar con el separatismo independentista y que ni siquiera en momentos como el actual cesa en su actitud miserable de falta de respeto al resto de españoles, y con una oposición que tampoco está a la altura de las circunstancias.  Y esto es especialmente grave en tiempos como los actuales, donde los organismos internacionales pronostican para España que la crisis será más agudizada que la media europea. Según el Banco de España el paro llegará al 20,10% sin tener en cuenta los ERTE´s, y será aún peor el año 2021 rozando el 22%, con una economía completamente endeudada.

Es ahora cuando de verdad hacen falta políticos que piensen en el interés general y no en el particular. Es ahora cuando hay que ver la capacidad de la clase política. No se puede estar en el frentismo continuo, es hora de trabajar en lo que nos une, remando en la misma dirección.

Como dice la sabiduría popular “el tiempo pone a cada uno en su sitio”, porque solo la historia podrá juzgar el papel de cada político y cada partido.

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